Día 1: 78º N

Hola, soy Tom Fernández y hoy comienzo a escribir este blog desde Longyearbyen,(Noruega)

Para ser sincero hace unas semanas no sabía que existía este trozo de planeta. Pero ahora sé que existe, que es un pueblo del archipiélago de Svalbard en el que viven 300 personas durante todo el año, no sé muy bien por qué, y que está a 78º Norte.
Aquí es de día todo el día desde de Abril hasta Agosto. Es lo que se llama el sol de medianoche. Estamos tan al norte que el sol parece que gira en torno a nosotros como la bola de una ruleta. No sube ni baja, solo gira.  Es una sensación extraña que no se haga nunca de noche. Estás paseando a la una de la madrugada por el pueblo y no sabes si irte a dormir o tomar un vermú.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La gente local te advierte de que no te salgas mucho de la carreteras o las afueras del pueblo. Puede haber osos  polares merodeando. Y cuando un oso polar merodea es porque tiene hambre. Y los osos polares no se conforman con un poco de miel. Nos han contado historias no muy agradable de excursionistas que han terminado siendo la merienda de uno de estos osos. Nadie sale del pueblo sin su rifle. Charlton Heston habría sido muy feliz en Longyearbyen.

Durante muchos años Longyearbyen vivió de las minas  de carbón. Hay castilletes de madera repartidos por toda la zona que me recuerdan inevitablemente a “La torre de Suso” en su versión noruega.

El gobierno Noruego, por cierto, cerró estas minas por ser muy contaminantes y los lugareños se reconvirtieron hacia el turismo activo. Pero hace falta energía, y barata, y rápida. Así que el gobierno Noruego  tiene previsto reabrir la minas de carbón… y ampliarlas.

La primera en la frente.

La pregunta a estas alturas es: ¿Qué hago yo en Longyearbyen? Pues estoy aquí porque tengo la suerte de formar parte de un grupo de españoles (fotógrafos, periodistas, escritores, dibujantes…) que vamos a realizar una travesía de diez días por el Ártico a bordo del buque científico Noruego Jan Mayen, que en noruego significa Jan Mayen. El viaje lo ha organizado el CSIC (Centro Superior de investigaciones Científicas) en colaboración con la universidad noruega de TROMSØ y su objetivo es doble.

Por un lado quieren que los “civiles” de a bordo, es decir los que no llevamos bata blanca ni investigamos, utilicemos nuestras habilidades como comunicadores para tender puentes entre los científicos y la gente que está en su casa para tratar de advertir de que lo que pasa en el ártico también puede afectar a la rutina ordinaria de cualquiera de nosotros. O por decirlo de otra forma: Algo se muere en el alma cuando el hielo del Ártico se va.

Por otro lado los científicos del barco, capitaneados por Carlos Duarte, investigador del CSIC, están evaluando la descarga de agua dulce sobre el océano ártico. Agua dulce procedente del deshielo del Permafrost. El Permafrost tampoco sabía lo que era hasta que llegué aquí. Y como su propio nombre indica es el hielo que ha estado siempre ahí, congeladito. Feliz de la vida. Hasta ahora…

El agua dulce vertida al océano ha aumentado más de un 30% y entre sus consecuencias está la de emitir toda su materia orgánica, antes atrapada en el hielo, a la atmósfera en forma de CO2.

El CO2 todos sabemos lo que es y no nos cae demasiado bien, ¿verdad?

Pues este es el viaje que acaba de comenzar. Así que poneos cómodos porque seré vuestros ojos y vuestros oídos durante esta travesía. Intentaré averiguar todo lo que pueda sobre lo que le ocurre a este viejo océano y sobre todo, aprovechar los conocimientos de Carlos Duarte y su equipo para que nos digan qué es lo que podemos hacer los civiles desde nuestros pueblos y ciudades de España para ayudar a que la catástrofe del cambio climático sea lo menos catastrófica posible.

Cuando supe que tenía la oportunidad de embarcarme en este viaje, lo primero que me llegaba a la cabeza pensando en el Ártico era la imagen de algo o alguien muy venerable. Como un abuelo al que no conoces pero del que siempre has escuchado historias increíbles. Una figura legendaria, titánica, indestructible. Y justo cuando puedes conocerle, le encuentras débil, enfermo. A punto de que se le doblen las rodillas y se venga abajo.

“Qué suerte tengo”. Pienso (es que pienso en negrita) “Por poder ver este paisaje majestuoso antes de que desaparezca del todo”

Pero me avergüenzo de pensar de forma tan egoísta. Cuando estaba rodando ¿Para qué sirve un oso? todo el mundo me preguntaba: ¿Has visto algún oso? Y yo respondía: Yo no quiero ver osos. ¡Quiero que haya osos!(Es que respondo en cursiva)


Con el Ártico, aunque esté aquí ahora, me pasa lo mismo. Yo podría vivir sin ver esta maravilla de lugar, pero me sentiría más tranquilo viendo el fútbol en mi casa o tomando algo con los amigos sabiendo que el hielo del Ártico sigue donde tiene que seguir, sin doblar las rodillas, sin entregarse al Océano. Tengo la sensación de que en este viaje voy a escuchar cosas que no me van a gustar. Y me las van a decir los tipos de las batas blancas, que son los que realmente saben cómo está la situación de este planeta. También voy a ver cosas que no me van a gustar nada. Pero para eso estoy aquí. Para  llevarme alguna bofetada de realidad.

Aunque la mayor bofetada me la acabo de llevar desde España.

Álvarez Cascos ha ganado las elecciones en Asturias.

Cascos en Noruego significa: “Ese que caza osos”

Hasta pronto.