Día 2. Están locos estos rusos…

Nunca te levantarás sin saber una cosa más. Esta mañana, a bordo del Jan Mayen, he descubierto que los Noruegos desayunan como si fuesen a pasar el resto del día cazando osos a puñetazos. Hamburguesas, huevos, gachas, cuatro tipos diferentes de quesos, catorce tipos diferentes de pan, siete mil tipos diferentes de mantequilla, salmón, pepinillos, yogures, zumos….El salmón ha sido mi opción de desayuno. Con el primer bocado pude ver la cara de mi estómago como diciendo…

“¿Te crees que es nochebuena, idiota?»

Mi estómago tiene muy mal despertar.

La jornada de hoy tiene como objetivo la visita a Pyramiden.

 

 

Pyramiden es Un pueblo minero ruso abandonado hace años.  El Ártico era un territorio libre, así que cualquier país podía llegar y explotar sus recursos. Los rusos vieron el potencial de las minas de carbón y para allá que se fueron. Construyeron la ciudad de Pyramiden siguiendo fielmente el patrón de las ciudades. Esto es: un patrón feo. Muy feo.

 

Pyramiden se bautizó con ese sugestivo nombre por la enorme montaña que vigila esta parte del archipiélago de Svalbard y que realmente parece una pirámide. Los rusos no se complicaban la vida poniendo nombres. Si algo sabe a vodka le llaman vodka. Si algo se parece a una pirámide lo llaman Pirámide.Para ser sinceros, la ciudad fue fundada por los suecos en 1910 y vendida a los soviéticos en 1927.

Ahora Pyramiden es un lugar fantasmagórico. Ya no vive nadie aquí.

Pyramiden, ¿ciudad de vacaciones?

Pero en sus días de esplendor ártico Pyramiden tuvo que ser un lugar con mucha vida. Llegaron a  vivir en ella más de 1000 personas. Había una piscina, un polideportivo, guardería, colegio, invernaderos, establos… ¡¡A 79 °N!! Porque después de esto… no hay nada. Bueno, sí… ¡¡el polo norte!!

Mientras camino con mis compañeros de expedición por las desoladas calles de Pyramiden no puede dejar de pensar en lo que me gustaría entrar en cualquiera de estos edificios y  poder fisgar un poco. A lo mejor en alguna casa queda algún rastro de sus antiguos habitantes. Ya me puedo imaginar a Yuri y Natacha. Vivían en Moscú en los setenta. Él era un prometedor estudiante de ingeniera espacial  llamado a grandes cosas. Natacha era hermosa como la aurora boreal y era una prometedora bailarina del Bolshoi. Estaban tan enamorados que cada vez que se besaban en sus cabezas sonaba la banda sonora de Doctor Zhivago. Una noche de 1975  Yuri salió de copas con los colegas y le comentó  a su mejor amigo que le gustaría ver la película esa del tiburón del que tanto se hablan en occidente. Yuri no lo saía, pero su mejor amigo   era un prometedor agente del KGB.Yuri y Natacha acabaron en Pyramiden. Un destino para comunistas que dejan de ser prometedores.

No pude visitar ningún edificio. Nuestro guía nos dijo que la última vez que un listillo como yo lo hizo se encontró un oso polar dentro. Así que volvimos al barco.

Volvimos al barco y por la tarde fuimos de nuevo de visita cultural. Esta vez a otro asentamiento minero ruso. Barentsburg.

 

 

Barenstburg sí está habitado. Hoy día viven unas cuatrocientas personas. Aunque preferiría pensar que no hay nadie viviendo aquí. Es un sitio… cómo describirlo. No es un pueblo, no es una ciudad… ¡Es un videojuego!

 

Parece que en cualquier momento se te va cruzar un mutante o un zombie o un comisario político. Lo peor de Barenstburg es que los Yuris y Natalias de mi imaginación son reales. Los trabajadores  de la compañía minera sobran su sueldo después de cumplir los cuatro años de su contrato. ¡Cuatro años!

Barentsburg es un lugar triste y desolado que hace que su existencia entre la majestuosidad del paisaje ártico sea aún más trágica.

Lo mejor que les podría pasar a Pyramiden y Barentsbur es que el hielo se las tragase y que no fuesen más que un par de escombreras que nos recordasen lo bestias que fuimos los humanos llevando a hombres y mujeres a trabajar a los confines del mundo para esquilmar el carbón del Ártico.

Pero me temo que esta historia va a tener otro final. Las minas de carbón del Ártico no van a ser un mal recuerdo, van a ser un pésimo futuro.

Noruega suspendió las extracciones de carbón de Longyearbyen porque se había demostrado que eran muy contaminantes. Se encontraron grandes dosis de mercurio en la cadena alimentaria. Desde las plantas, pasando por las focas, los renos y por supuesto… los seres humanos. Pero ahora todo ha cambiado.

Las revueltas del norte de África, gente clamando legítimamente por una vida mejor, han hecho que el precio del petróleo se desestabilice y que países como Dinamarca o Noruega miren de nuevo a sus recursos energéticos con resignación. Si les preguntas te dirán que no pueden hacer otras cosa.

No solo se reabrirán las viejas minas.  Se ampliarán…

 

Es un perverso efecto mariposa. Alguien agita sus brazos en Egipto pidiendo más derechos y libertades y eso provoca que a la fauna y flora del  Ártico llegue un huracán en forma de CO2 y mercurio.

Los árabes progresistas y las focas árticas no lo saben, pero están unidos a un destino muy incierto.

Seguimos navegando hacia el norte. A las placas de hielo. Allí nos esperan los grandes mamíferos Árticos.

Tal vez allí descubra para qué sirve un oso polar.

Corto y cambio