Un domingo en el Ártico es un domingo


He descubierto que los domingos ejercen su poder más allá de nuestras fronteras. Da igual que estés en un barco en mitad del Ártico. El domingo buscará a los españoles…. y los encontrará. Ayer nos levantamos con una resaca psicológica que nos hacía estar más pendientes de nuestros propios asuntos que de los compañeros de viaje.  Como no podía bajar a comprar el periódico sin que eso me costase la vida decidí entrevistar a Carlos Duarte, el científico del CSIC que ha organizado esta expedición.  No sé por qué, pero desde que le vi por primera vez, Carlos me recordó a un entrenador de baloncesto. Tiene el porte físico de haber sido jugador y de haberse ganado los galones en la canchas Yugoslavas en los ochenta. Tiene la mirada zorruna del que está pensando en la siguiente jugada antes de que termine la primera.

Su trato es fácil y maneja el sentido del humor con  la rapidez del que lo tiene incorporado a su carácter por necesidad. Para alguien que trabaja día a día con el cambio climático tener sentido del humor es como inyectarse insulina para un diabético.

Sus científicos becarios (de los que ya os hablé) se acercan a él como sus jugadores en la cancha, esperando instrucciones atentamente para el último minuto de partido.  Carlos  distribuye  el juego con serena autoridad  y todos se lanzan de nuevo a la cancha en forma de laboratorio que tienen tres cubiertas más abajo.

Tiene ese encanto (y lo sabe)  de los líderes naturales que saben generar confianza a su alrededor. Parece que siempre sabe lo que hay que hacer. Si mañana fuésemos a desembarcar en las playas de Normandía no perdería su casco de vista.

Os dejo su breve currículum para que sepáis de quién os hablo:

Carlos M. Duarte Quesada (Lisboa, 27/7/1960) es Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), instituto mixto entre el CSIC y la Universitat de les illes Balears y Director del Oceans Institute de la University of Western Australia.  Carlos se licenció en Biología Ambiental en la Univ. Autónoma de Madrid, y – tras una estancia de investigación de 2 años en Portugal – completó en 1987 su tesis doctoral, sobre ecología de macrófitos de lagos, en la Universidad McGill de Montreal (Canadá). Tras una breve estancia postdoctoral en la University of Florida (Gainsville, USA), inició su andadura en el estudio de ecosistemas marinos como postdoctorado en el Instituto de Ciencias del Mar (CSIC), donde ingresó como investigador, para pasar después por el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CSIC), y, finalmente, al Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (CSIC-Univ. illes Balears).  Su investigación en torno al Cambio Climático se centra en la evaluación del papel de los ecosistemas acuáticos continentales, el océano en el ciclo global de carbono, y el impacto del Cambio Climático sobre estos ecosistemas y el impacto del Cambio Climático en las zonas polares del planeta. Coordina el Eje de investigación de Cambio Global del CSIC, es Director Científico del Laboratorio Internacional de Cambio Global (CSIC – PUC, Chile). Ha publicado más de 400 artículos científicos en revistas internacionales, incluida una docena de publicaciones en las revistas más prestigiosas (Science, Nature, PNAS), una docena de capítulos de libros, y dos libros, y ha dirigido más de 30 proyectos de investigación, incluida la primera expedición científica española al Ártico y la expedición de circunnavegación Malaspina 2010, en fase de planificación. Presidió la Sociedad Americana de Limnología y Oceanografía entre 2008 y 2010, es Editor en Jefe de la revista Estuaries and Coasts. En 2001 recibió la Medalla G. Evelyn Hutchinson a la excelencia científica por la American Society of Limnology and Oceanography, desde 2005 es reconocido como Highly Cited Scientist por el Institute of Scientific Information de Filadelfia, habiendo recibido su trabajo más de 7,000 citas, en 2007 recibió el Premio Nacional de Investigación “Alejandro Malaspina”, y en 2008 recibió el Premio de Medio Ambiente Augusto González de Linares, de la Universidad y Gobierno de Cantabria. En 2009 fue invitado a formar parte del Consejo Científico del European Research Council, recibió el Premio Jaime I de investigación en Protección de la Naturaleza y fue condecorado por la Guardia Civil. En 2010 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Université de Québec a Montréal y en 2011 recibió un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Utrecht, en Holanda.

Como veis, el chaval no ha perdido el tiempo en estos 51 años. Os dejo con la entrevista:

Recuerdo el día que decidí dedicarme al cine. Tenía trece años y fui al cine club de un instituto de Oviedo a ver “Dos hombres y un destino” No volví a ser el mismo. ¿Recuerdas es día que decidiste ser científico?

Yo en realidad no quería ser científico.

Pues empezamos bien.

(Risas) Yo tuve una beca para estudiar el bachillerato en eso que se llamaban Universidades laborales. La beca era extensible hasta la universidad, así que decidí seguir estudiando algo que no era ni humanidades, que se me antojaba que era aprender muchos datos y hechos, ni era ciencias duras que se me antojaban demasiado complicadas. La biología me pareció la opción que estaba entre medias. Aunque la carrera no me ofrecía demasiado esfuerzo ni me motivaba. Me fui a Canadá, estuve trabajando en algunas granjas y con el dinero que ahorré me fui un mes a caminar en solitario por las montañas rocosas. Allí  decidí dedicarme a la ciencia.

 

Durante la promoción de ¿Para qué sirve un oso? un periodista me preguntó:

¿Para qué plantar un árbol si no llego a fin de mes? Me quedé descolocado como director y como terrícola.

¿Tú qué habrías respondido como científico?

Yo habría respondido: Para que tus hijos sí lleguen a fin de mes. Porque cuidar del medio ambiente no es algo que hagamos por nuestro propio beneficio. Tenemos que pensar en nuestros hijos. Y si no los tenemos, en las generaciones futuras. Hay un dicho indio que dice que la tierra no nos pertenece, la hemos tomado prestada a nuestros hijos. Tenemos la obligación de entregarles un planeta medianamente habitable y cómodo igual que lo ha sido para nosotros.

A Javier Cámara, (Alejandro en la película) una niña le pregunta:

¿Para qué sirve un biólogo?

Él, que está en plena crisis de fe científica responde:

Básicamente… para nada.

¿Compartes la opinión de tu colega de ficción?

En parte, sí. Mi motivación para hacer biología no era prestar ningún tipo de servicio a la humanidad ni ser útil, sino tener un campo de exploración abstracto con una cierta libertad intelectual. Pero ahora quiero pensar que mi trabajo es útil. Y además estoy convencido de que, igual que el siglo XX fue el siglo de la física, el XXI va  a ser el siglo de la biología. Porque ya tenemos suficiente conocimiento de las herramientas de la biología como para utilizarlas para resolver problemas.

Otra respuesta muy común cuando surge el tema del cambio climático y sus consecuencias es “Bah, total eso yo no lo voy a ver…”

Cada vez que se lo oigo decir a alguien me dan ganas de estrangularle. ¿Qué puedo decirles? Lo digo más que nada para evitar la cárcel.

Pues si estuvieran aquí con nosotros podrían verlo perfectamente. Lamentablemente en el Ártico vemos el cambio climático todos los días. Y esto nos debe servir de alerta. Si no nos importa el Ártico, que debería importarnos porque nos afecta, al menos que sirva para que esto no se repita en otras partes del planeta o en nuestras propias casas dentro de unos años.

El otro día comentabas que los científicos os sentíais un poco como el personaje mitológico de Casandra,  condenada por Apolo a ver el futuro pero sin que  nadie la creyese. Si durante un minuto  todos nos parásemos quietos y os escuchásemos qué nos diríais:

Vivimos en la sociedad de los 140 caracteres, pero en ese espacio cabe el mensaje que los científicos queremos mandar a la gente. Que el guión de lo que va a pasar  no está escrito y que lo vamos a  escribir entre todos.

Vale, el hielo del Ártico se funde. Suena a algo demasiado lejano para los que vivimos en España.  ¿Qué equivalente doméstico podríamos poner para lo que entendamos todos?

Por ejemplo… si se me estropea la nevera puedo arreglarla o ir al centro comercial a comprar otra.  ¿Nos podemos comprar otro océano Ártico?

Evidentemente, no. En el mundo nuestro (científico)  hay un concepto que es el de  cambio climático peligroso. Que es el cambio climático que por un lado ya es irreversible y que por otro lado puede desencadenar fuerzas que pueden tener repercusiones en otros puntos del planeta. En el Ártico ya hemos llegado a ese punto de cambio climático peligroso.

Pero lo que sí que nos podemos comprar son, viendo lo que ha ocurrido en el Ártico,  actitudes y patrones de consumo y de estilos  de vida que aseguren que no vamos a tener que comprar otros mediterráneos, ni otros atlánticos ni otros Picos de Europa.

De todas tus investigaciones y expediciones, qué es lo que has visto que te ha hecho sentir más orgulloso de la huella del ser humano en la naturaleza. ¿Y qué te ha hecho sentir más avergonzado?

Pues justamente el mismo lugar geográfico.  Cuando trabajé en Vietnam me dio vergüenza lo que hizo el ejército americano con el delta del MeKong durante la guerra. Era el  manglar más grande de la tierra y lo arrasaron completamente. Además eso tuvo consecuencias para los vietnamitas , que durante dos generaciones nacieron con  malformaciones debido a los contaminantes que contenían los herbicidas utilizados por el ejército americano.

Y lo que más orgulloso me hizo sentir de mis congéneres fue ver cómo el pueblo vietnamita, sin medios, con sus manos y su fuerza de voluntad consiguió recuperar y repoblar el manglar. Ahora es un lugar precioso muy parecido a lo que debió ser antes de la guerra.  Eso me enseñó que es posible recuperar la naturaleza a gran escala.

Mis amigos han empezado a quedarse embarazados. ¿Qué planeta se van a encontrar esas niñas y niños que aún no han nacido cuando tengan veinte años?

Pues depende de lo que hagamos nosotros. Somos la generación, junto con la anterior, que ha provocado el cambio climático. Pero también somos la generación que puede cambiar el modelo de sociedad  en el que vivimos. Uno puedo elegir entre lo que algunos científicos del clima han llamado el Antropoceno, es decir, un planeta tierra donde la actividad humana domina y afecta todos los procesos fundamentales del planeta. O vivir donde, lo que yo querría llamar el Talasoceno, que es una era en la historia del planeta en la que el océano reporta beneficios  a la sociedad. Tenemos muchas opciones y depende de nosotros cuál se van a encontrar nuestros hijos.

¿Les recomendarías a esos futuros españoles dedicarse a la ciencia?

Yo, sí. Aunque entiendo  que las opciones laborales para un joven científico son complicadas, aunque igual que otros ámbitos laborales. Pero basándome en mi propia  experiencia, he encontrado en la ciencia un campo amplio de libertad intelectual y también de servicio. Por lo tanto es muy interesante dedicarse a la ciencia.

En mi tierra, Asturias, vivimos un  terrible abandono del mundo rural. Los territorios que el hombre ha manejado desde el Neolítico están siendo reconquistados por la naturaleza.  ¿Es sensato abandonar  a la naturaleza a su suerte después de haberla domesticado?

Tengo un amigo que dice que todo nuestro conocimiento sobre ecosistemas está en las residencias de la tercera edad. Y corremos el riesgo de quedarnos sin ese conocimiento.

La dicotomía entre lo humano y lo natural es falsa.  Debemos vernos como parte de la naturaleza. Durante ese recorrido que va desde el Neolítico hasta hace pocos años siempre ha habido un equilibrio entre los ciclos naturales y la actividad humana. Un equilibrio que también se traducía en belleza. Belleza de unos  paisajes  bien gestionados por pastores y agricultores. Esos paisajes también forman parte de nuestro patrimonio.

El otro día comentaste algo sobre la especulación con los alimentos a escala global. Cuéntaselo tú  los lectores que tienes más gracia.

Ahora una de los valores seguros para los especuladores no es el oro, ni el petróleo. Es la comida. Y lo venden en paquetes con nombres muy bonitos, igual que hicieron con las hipotecas basura. Los inversores no saben lo que están comprando pero están contribuyendo a la especulación sobre el mercado internacional del alimento, sobre todo en cereales. Están haciendo subir el precio de forma rápida para que unos pocos obtengan beneficios a costa de una hambruna global. Porque los que sufren las consecuencias de esta especulación son los países importadores de cereal: Centroamérica, oriente medio… países pobres.

¿A un chaval que quiera  ganarse la vida en el medio rural ¿Qué le recomendarías, la agricultura o  la algacultura?

La ganadería y la agricultura son necesarias para mantener paisajes, conocimientos y gestionar nuestro patrimonio natural. Pero hay que pensar que la agricultura del S.XXI no va a ser como la que conocemos. Hay una oportunidad de cultivar alimento sostenible dentro del océano. Y dentro de esas opciones está el cultivo de algas, que está creciendo de forma muy rápida. Además, este tipo de cultivos pueden ser beneficiosos para el medio ambiente ya que gracias a ellos se pueden recuperar zonas costeras degradadas.

Ayer, en la cubierta de este barco muchos de nosotros vimos nuestro primer oso polar. ¿Estábamos viendo un oso o nos estábamos despidiendo de él?

Seguiremos viéndolos durante unos años. Pero va a ser una despedida larga y dolorosa.  Siempre que ves un animal de esta belleza te das cuenta de que condensa todos los valores de la naturaleza resumidos en un punto de color marfil en mitad del hielo. Y las propias pisadas del animal alejándose del barco te hacen preguntarte adónde va el oso y adónde vamos nosotros

¿Para qué sirve un oso… polar?

Pues si sirve para que tengamos ese momento de reflexión cada uno de nosotros la visita del oso habrá merecido la pena.

Y por último, y parafraseando a un clásico del Western, (Johnny Guitar)

“Miénteme… dime que hay esperanza”

La cosa está difícil. Pero creo que no seremos capaces de llamar a nadie a la acción mostrándole los problemas y pronósticos negativos. Si queremos movernos hay que empezar a apuntar a las soluciones y buscar los puntos de luz. Así que os engañaré a todos y os diré que hay esperanza. (risas)