En bicicleta por Pekín

La tragedia de Liu Xiang

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Ayer, frente al Estadio Nacional, dos jóvenes intentaban vender sus entradas. "Liu Xiang ya no compite, no nos interesa. Nos vamos", decían al borde de las lágrimas. Los dos, que no llegaban a los veinte años, habían pagado 1.800 yuanes (unos 180 euros) por ver las semifinales de 110 metros vallas. La retirada de Liu Xiang ha sido un duro golpe para China.

Medalla de oro en Atenas 2004 y récord mundial hasta hace un par de meses, millones de chinos soñaban con ver a Liu ganar en casa. En una encuesta publicada en enero pasado, el deseo número uno de los chinos para estos Juegos era ver en persona a Liu Xiang (刘翔) revalidar su medalla de oro (por encima de llevar la antorcha olímpica o unos juegos exitosos). Las entradas para la final de 110 metros vallas fueron las primeras en acabarse y en la reventa alcanzaban los 600 y 800 euros (entre 20 y 40 veces el precio original). Dentro de toda la preparación china de estos Juegos, el momento culmen debía ser la final de los 110 metros vallas.

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Por eso, su retirada de las pistas el lunes pasado llenó de desilusión al país. En el China Daily, el periódico oficial en inglés, se hablaba de "una decepción indescriptible" y de "la imagen que trajo lágrimas a miles de millones de ojos". Después de retirarse, su entrenador, Sun Haiping (孙海平), no podía controlar las lágrimas en la sala de prensa. El propio Liu Xiang pidió ayer perdón a los aficionados. La retirada del vallista ha sido una tragedia nacional.

China tiene otros deportistas mucho mejores que Liu Xiang, entre ellos Guo Jingjing (considerada la mejor saltadora de trampolín de la historia), Zou Kai (tres oros en estos Juegos) o Lin Dan (el mejor jugador de bádminton del mundo). ¿Por qué Liu Xiang era tan importante? ¿Por qué China había puesto todas sus esperanzas en él? ¿Qué le hacía diferente?

Para empezar, el atletismo. Liu Xiang es el único chino (y asiático) que ha ganado una medalla de oro en atletismo, las pruebas reinas de unas Olimpiadas. Ser bueno en salto de trampolín, ping-pong o bádminton está muy bien, pero ser el número uno en una prueba de atletismo te eleva a otro nivel. Ser el único que lo ha conseguido (y que lo puede conseguir) te convierte en un héroe.

Segundo, el orgullo racial. Las pruebas de atletismo (sobre todo velocidad y potencia, como los 110 metros vallas) siempre han estado dominadas por occidentales o corredores de color. Liu Xiang acababa con esa supuesta inferioridad de la raza asiática (extendida sobre todo desde la ocupación de China por las potencias extranjeras en el siglo XIX). Nada más conseguir el oro en Atenas en 2004, Liu dijo aquello de "esto demostrará al mundo que los asiáticos también podemos correr muy rápido". Sus palabras fueron rebajadas por las autoridades chinas, aunque Liu resumía el sentimiento de muchos compatriotas.

Tercero, el individualismo. Liu Xiang no es un equipo. No es producto de la cultura deportiva tradicional china (ping-pong, bádminton…). Es un hombre, un deportista, uno solo. No depende de nadie. Lo único que tiene que hacer es calzarse unas zapatillas y echar a correr. En el China Daily decían que es "la nueva imagen individual de la nación que se elevó por encima de la tradicional colectividad china". Su individualismo le hizo muy querido por los jóvenes chinos, la mayoría hijos únicos, expuestos a las mismas presiones y expectativas.

Cuarto, la imagen de la nueva China. De todos los deportistas chinos, Liu es el que mejor encaja con la nueva imagen del país. Es de Shanghai, uno de los mayores éxitos económicos de China. Es rápido y potente. Todos quieren ver reflejada en Liu Xiang (joven, moderno, urbanita) la imagen de su país.

Quinto, es guapo, simpático e inteligente. Por encima de tantas consideraciones políticas o sociológicas, Liu Xiang es un tío cool. Es alto, musculoso y atractivo. Es un ídolo de masas, pero parece un joven cualquiera. Liu Xiang tiene éxito. Es joven. Cae bien.

Debido a todas estas razones, Liu Xiang había estado sometido a la presión de tener en sus piernas las esperanzas de 1.300 millones de personas. Por Internet circulan rumores de que tenía miedo a enfrentarse al cubano Dayron Robles, nuevo récord del mundo. Otros se quejan de haber sido mentidos en los últimos días sobre el estado de forma de la estrella del atletismo chino.

Lo que está claro es que Liu ha dejado escapar una oportunidad única. Podrá volver a ser campeón del mundo, hacer un nuevo récord mundial o competir en los Juegos de Londres dentro de cuatro años. Pero nunca podrá conseguir la medalla de oro en su país, en el Estadio Nacional, en los primeros Juegos Olímpicos organizados por su país. Nada podrá hacer olvidar su ausencia en la final del jueves.