En bicicleta por Pekín

El viejo (y olímpico) Pekín

Aunque en la televisión veamos estos días el Nido de Pájaro y el Cubo de Agua, las Olimpiadas también han llegado al viejo Pekín, esas callejuelas que se conocen como hutongs y que conservan las antiguas casas y costumbres chinas. En esta parte de la ciudad, donde la gente todavía sale en zapatillas y pijama a la calle, los Juegos Olímpicos parecen una cosa de pueblo. Algunos siguen las competiciones desde pequeños televisores en sus tenderetes y otros leen el periódico a la puerta de casa. En muchos de ellos hay banderas de China (al parecer, casi por obligación) y algunos letreros recogen los lemas olímpicos. De todos modos, un paseo por los hutongs más auténticos no muestra un fervor olímpico especial: la gente acude a los mercados a comprar fruta, los niños se persiguen en la calle y los ancianos juegan al xiangqi (ajedrez chino). La vida continúa.

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Los hutongs son una de las principales atracciones de Pekín. Sencillos y viejos a simple vista, dentro esconden algunos de los secretos de la cultura china. La inmensa mayoría de ellos discurre de este a oeste, de tal forma que se respete el fengshui y la puerta de la casa dé al sur. Pero la riqueza de los hutongs está en los patios interiores (四合院, siheyuan), casi siempre inaccesibles para los turistas. Tras unas fachadas antiguas y que muchas veces se caen a cachos, algunos inmuebles esconden auténticos paraísos de esculturas, plantas, fuentes y grabados.

hutong3.jpgFrente a esta visión romántica del viejo Pekín, la realidad es que muchos de los hutongs que se mantienen en pie están en condiciones lamentables. Los tejados están casi derruidos, las fachadas estropeadas y muchos de ellos no tienen baño. En algunos bajos viven hacinadas decenas de personas en condiciones penosas. De ahí la dificultad de mantener estos barrios tradicionales en el nuevo Pekín del siglo XXI, sobre todo cuando se imponen las razones económicas. Casi siempre es más rentable destruir las viejas casas y construir bloques de edificios. En algunos casos, los lugareños están deseando vivir en edificios más modernos y acabar de una vez con esa pobreza casi inherente al viejo Pekín. Los Juegos Olímpicos, con su gigante transformación urbanística, han puesto punto y final a muchos de los barrios tradicionales.

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En la zona de Xihai, un precioso lago donde pescan todos los días una decena de personas, me espera mi nueva casa a partir de septiembre. Es una de esas antiguas casas de la capital china, en un hutong y con patio interior. Al dueño del piso, el señor Ma, le cuesta despedirse de la casa de sus padres y del barrio donde corría de niño. Le gustaría seguir viviendo en esta antigua casa de tres habitaciones, aunque su esposa y su hija prefieren vivir en un piso. "Antes de casarme vivía aquí… Ahora son mi mujer y mi hija las que mandan", me dice con una sonrisa. Ma, que conduce un Audi color crema, dirige una empresa que hace negocios con Europa. Muchos de los hutongs han sido rehabilitados (con mayor o menor gusto) por estos dueños enriquecidos que ahora los venden o alquilan a precio de oro (muchas veces a extranjeros).

Mientras muchos mayores todavía sueñan con vivir en un hutong, los jóvenes no parecen muy entusiasmados. En mi nueva casa estamos buscando un compañero de piso chino, y no es fácil. El precio por persona es elevado para la mayoría de jóvenes (1.800 yuanes, 180 euros), pero parece que el problema principal es la falta de interés. Meng Fan, uno de los agentes inmobiliarios que ayuda a nuestro casero con la renovación de la casa, nos ha comentado que por ese precio la mayoría de chinos prefiere vivir en un apartamento. "A los jóvenes no les gusta vivir en este tipo de casas".

Muchos otros hutongs y zonas antiguas han sido renovadas, como la zona en torno a la Torre de la Campana, Houhai o Nanluoguxiang, que hoy forman una curiosa mezcla entre tradición y modernidad. Hay decenas de bares con wifi en el interior, terrazas donde tomar copas y cientos de turistas que pasean en calesa o curiosean en las tiendas de regalos. Mientras, los mayores todavía se bañan en el lago de Houhai y juegan al bádminton por las noches.

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Las Olimpiadas se han fijado en las zonas antiguas de la capital y algunas delegaciones no han dudado en instalarse aquí para hacer relaciones públicas. Es el caso de los rusos, que han utilizado un antiguo pub para convertirlo en el Russian Bosco Club, a donde acuden miembros de la delegación rusa y sus deportistas. No muy lejos, en una de las entradas de Houhai, la organización de los Juegos de Londres 2012 ha habilitado otro local para "promocionar las Olimpiadas" y "establecer vínculos comerciales con China".

Mientras las pantallas del metro, autobuses y empresas muestran sin cesar los partidos de los Juegos Olímpicos, en el restaurante Da Hai, al sur de la plaza de Tiananmen, la televisión muestra obras de la Ópera de Pekín. El dueño del local es uno de los ciudadanos que más ha defendido la preservación del viejo Pekín, sobre todo en una zona como la suya, Qianmen, llena de historia y que ahora vive un proceso entre la rehabilitación y la destrucción. "Esto es un restaurante del viejo Pekín, aquí no vemos los partidos de las Olimpiadas", me comenta el camarero. Desde que empezaron los Juegos, no han puesto ni una sola competición. Es su pequeña reivindicación del viejo Pekín.


Un paseo por algunos de los hutongs de Pekín. El vídeo es un poco largo (casi 7 minutos) pero podéis bajar de la bici cuando queráis. Por orden, la vuelta en bicicleta incluye hutongs en torno a Xihai (西海), Xinjiekou (新街口), Houhai (后海) y Gulou (鼓楼).