En bicicleta por Pekín

Y nosotros, ¿qué?

Sigo con el balance de estos Juegos Olímpicos, que no han significado un reto tan sólo para el país anfitrión, sino para el resto de participantes y sus sociedades. Que unos Juegos se celebren en un país tan distinto como es China, enorme e inmenso, con una evolución histórica muy distinta a la nuestra, implica muchos retos para los visitantes. ¿Cómo ha reaccionado Occidente a la celebración de estos Juegos? ¿Es verdad, como decía Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional, que "el mundo ha comprendido más a China y China ha conocido mejor al mundo"?

En mi opinión, y sobre todo en los meses previos a los Juegos, Occidente ha perdido una oportunidad de oro para comprender mejor este país. Casi durante un año, la mayoría de noticias relacionadas con los Juegos han estado teñidas por aspectos negativos, estereotipos, una especie de miedo escénico ante China y recelos hacia la organización de los Juegos. Nos hemos olvidado de la otra cara del país: el cambio impresionante que se ha vivido en los últimos 30 años, la forma en la que 500 millones de personas han salido de la extrema pobreza y el enorme cambio cultural y social que vive el país.

En este ambiente mediático, Europa no ha dejado su eurocentrismo y Occidente ha adoptado el papel de un profesor experto que viene a dar lecciones a un alumno retrasado. ¿Dónde quedaron las noticias sobre la peligrosidad de la comida china? ¿Y la amenaza de la contaminación? ¿Qué fue de aquella prohibición de negros y mongoles en los bares? ¿Alguien puede de verdad criticar el desconocimiento del inglés en la población china? Ante la duda, Occidente siempre ha preferido la condena.

Y, sin embargo, hay lugar para la esperanza. La Ceremonia de Inauguración fue una de las mejores campañas de relaciones públicas que ha hecho ningún país. El contacto directo, el tú a tú, ha acabado con muchos estereotipos. Son numerosos los periodistas, turistas y espectadores que han estado en Pekín durante los Juegos y que han soltado aquello de "pues esto es mucho mejor de lo que nos han contado".

También ha habido publicaciones especiales sobre el país, más informes, más reportajes. Aunque el flujo principal ha ido en otra dirección, muchos otros reportajes excepcionales han hablado de la educación, la cultura y los cambios en la forma de ser y de pensar de la sociedad china. Al menos durante el último año, China ha existido.

Todavía nos queda mucho para comprender aquello que Manel Ollé llamaba el "mobiliario mental" de los chinos. Ellos aprenden inglés en las escuelas, algunos estudian en universidades occidentales, conocen los iconos de Hollywood y la historia occidental, les gusta David Beckham y Kobe Bryant, comen hamburguesas. Ellos siguen sabiendo mucho más de nosotros de lo que nosotros sabemos sobre ellos.

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