En bicicleta por Pekín

El cambiazo de Pekín

Vivir en China produce sorpresas casi diarias. No se trata sólo de las diferencias culturales, sino también del ritmo vertiginoso al que se transforman pueblos y ciudades. Debajo de mi antigua casa, en la zona universitaria, pude ver como durante los últimos cuatro meses los restaurantes cambiaban de dueño cada mes, los negocios se reformaban de arriba abajo en un par de días, las aceras se cambiaban en dos semanas y de un día para otro las calles aparecían llenas de flores y árboles. Se dice que en Shanghai, sus ciudadanos se quedan asombrados todas las mañanas al abrir la ventana y comprobar la transformación que ha sufrido la ciudad mientras dormían.

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Si esto es un fenómeno nacional que se lleva produciendo las últimas décadas, imaginaros lo que ha vivido Pekín desde que en 2001 consiguió los Juegos Olímpicos. Estos son algunos de los frentes en los que la ciudad ha cambiado:

Instalaciones deportivas. Cuando China consiguió los Juegos Olímpicos, prácticamente no existía ninguna de los grandes estadios que veremos durante los próximos días. La Ciudad Olímpica se ha empezado desde cero en un terreno que hace 10 años parecía un desierto.

En este sentido, las instalaciones son espectaculares. Obras como el Estadio Nacional (el famoso Nido) o el Centro Acuático (el cubo de agua) no son sólo centros funcionales de alta calidad, sino una muestra de la mejor arquitectura moderna. Los estadios principales están muy cerca los unos de los otros, lo que hace muy práctico los desplazamientos para los deportistas. Otros centros deportivos, como el Estadio de los Trabajadores o el Gimnasio de la Universidad de Pekín, han sido reformados. La "gran obra olímpica" (que incluye residencias para las delegaciones o periodistas, nuevos hoteles, centros de entrenamientos, salas de prensa, 31 estadios para las competiciones…) es mucho más amplia que la famosa foto del Estadio Nacional:

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Estadio Nacional

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El Centro Acuático

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Estadio de tenis (hace ya unos meses)

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Estadio de hockey

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Torre olímpica

Medio ambiente: A pesar de la contaminación que asola la ciudad (y el país), estos Juegos han intentado ser lo más verdes posibles. Los estadios principales han apostado por el ahorro energético y las fuentes de energía alternativas. Se han aprobado nuevas leyes como la prohibición de bolsas de plástico gratis en los supermercados de todo el país. Las flotas de autobuses y taxis han sido cambiadas por vehículos menos contaminantes. Se han desplazado muchas empresas contaminantes a las afueras de la ciudad o a la provincia de Hebei.

Otra de las herencias que puede ser más recordada de estos Juegos (y de la que nadie habla) puede ser el Bosque Olímpico, situado al norte del Estadio Nacional y que con sus 680 hectáreas es casi seis veces más grande que el Parque de El Retiro de Madrid. Según un documental del Discovery Channel, "el parque y los árboles son lo suficientemente numerosos como para afectar el microclima de Pekín, bajando las temperaturas, mejorando la calidad del aire y reduciendo la contaminación". El parque hará respirar a la ciudad.

Aún queda un camino inmenso para reducir la contaminación en China (utilizar menos carbón, mejorar la eficiencia energética, más reciclaje, mejora del sistema legal) pero Pekín ha tomado medidas importantes en los últimos años.

Transporte: Pocas cosas han mejorado tanto en Pekín como el sistema de transportes. La capital china es una ciudad incómoda para moverse: es enorme y los atascos son casi continuos. Se ha mejorado el sistema de autobuses y se han incorporado nuevas rutas para las Olimpiadas (también autobuses nocturnos). Sin embargo, el tráfico sigue siendo una batalla diaria: parte de la culpa la tiene el millón de nuevos coches que se ha incorporado a las calles en los últimos tres años. Durante los Juegos habrá la mitad de coches privados en las carreteras y carriles olímpicos especiales. El reto de conseguir un tráfico razonable continuará durante los próximos años.

La solución puede pasar por el metro, que desde 2001 ha incorporado unos 145 kilómetros (incluida la línea que va al aeropuerto) y casi 80 nuevas estaciones. El metro (casi inexistente en 2001) es algo indispensable en una ciudad tan grande y con 18 millones de personas. Los billetes son ahora más baratos, dos yuanes (20 céntimos de euro).

Pekín moderno: avenidas más amplias, rascacielos y centros comerciales: así es una parte del nuevo Pekín. En los últimos siete años la capital china ha visto la construcción de algunos edificios que están destinados a convertirse en símbolos de la modernidad de la ciudad. Entre ellos hay que destacar la nueva terminal del aeropuerto, diseñada por Norman Foster y que es la más grande del mundo. El Teatro Nacional, también conocido como el Huevo, un edificio diseñado por el francés Paul Andreu que parece una nave espacial situada en el mismísimo centro de Pekín, junto a la Ciudad Prohibida y la plaza de Tiananmen. La torre de la CCTV, donde estarán las oficinas centrales de la televisión pública china y que desafía a la gravedad con un diseño novedoso.

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El viejo Pekín: El principal perjudicado de esta transformación ha sido el viejo Pekín. En un país en el que la protección cultural es un fenómeno reciente, el desarrollo económico y la modernidad siempre han sido más importantes que la preservación de barrios antiguos. En ocasiones se han demolido casas y barrios con un valor histórico y cultural insustituible. Otras veces se ha apostado por la reconstrucción y preservación, como en la zona de Houhai o Nanluoguxiang. Algunos se quejan de que Pekín ha perdido su carácter casi de pueblo, sus patios ocultos entre hutongs y algunos de sus templos de barrio.

En esta transformación increíble, miles de personas han tenido que abandonar sus hogares para dejar paso a los nuevos edificios. En muchas ocasiones los afectados han sido bien indemnizados y han podido mudarse a lugares muchas veces en mejores condiciones que sus antiguas casas. En otras, los ciudadanos han sido presionados y obligados a abandonar sus hogares.

Detalles: hay grandes cifras, grandes estadios, mucho dinero invertido… pero también muchos detalles. En los últimos meses las calles de Pekín han experimentado un lavado de cara a base de carteles, banderas, flores y nuevas aceras. Carriles bicicleta medio destruidos han recuperado su esplendor, espacios muertos se han convertido de repente en pequeños parques, la ciudad se ha llenado de colores, eslóganes y carteles.

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Con esta transformación material, los pequineses también han cambiado. No sólo los edificios, parques y estadios se han transformado, también la sociedad lo ha hecho. Las relaciones entre padres e hijos cambian, el amor tiene nuevas interpretaciones, el ocio busca nuevos espacios. La transformación física es sólo una de tantas que se han producido en Pekín.

Pekín ha cambiado mucho y muy rápido debido a las Olimpiadas, pero es un fenómeno nacional. Los metros de Shanghai, Guangzhou, Nanjing o Shenzhen son igual o más modernos que los de la capital. Los rascacielos y las cadenas de comida rápida son moneda corriente en todas las capitales de provincia chinas. El país está experimentado una transformación urbanística que, en cuanto a tamaño y velocidad, no tiene parangón en la historia reciente. El Pekín de los últimos siete años ha sido el caso más extremo.