En bicicleta por Pekín

El viejo Qianmen dice adiós

Esta tarde ha habido pequeños disturbios en la zona de Qianmen, al sur de la Plaza de Tiananmen, en el mismísimo centro de Pekín. Según las agencias de prensa, unas 50 personas han protestado por su desalojo del barrio antiguo de Qianmen, que en los últimos años ha estado en construcción y el día siete pretende inaugurar una nueva calle llena de cafés, tiendas (entre ellas Prada, Nike o Adidas) e incluso un tranvía. A cuatro días para los Juegos Olímpicos, China ha sufrido un pequeño incidente que ha tenido pocas consecuencias mediáticas, pero que pone al descubierto uno de los puntos negros de la transformación urbanística de Pekín: la protección de los barrios antiguos y la forma de gestionar los desalojos.

El nombre de Qianmen (前门) viene de la puerta que antes marcaba la entrada a la Ciudad Prohibida, el lugar de residencia de los emperadores. Tan cerca del centro político de China, la zona era una muestra de la historia de China, llena de familias que habían vivido durante décadas, negocios familiares y una actividad comercial que floreció sobre todo durante la dinastía Qing (1644-1911). Hasta hace tres años, la zona se había mantenido en su desorganización tradicional, con algunas casas de hace 200 años, edificios de principios del siglo XX y arquitectura comunista. En una zona tan céntrica de la capital china, había que hacer algo para dar brillo a un barrio que, aunque lleno de encanto, parecía dejado de la mano de Dios.

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La reconstrucción del barrio de Qianmen pasaba por destruir una gran parte de las viejas casas (entre ellas muchos hutongs) para levantar un "nuevo barrio tradicional". Wang Hui, el dueño de un viejo restaurante de Pekín que nació y creció en el barrio, no ha escuchado nada de los disturbios de hoy, aunque se queja de la transformación de Qianmen. "Nosotros queríamos que reconstruyeran las casas, pero que mantuvieran el original", me dice mientras me muestra las paredes descoloridas de su restaurante. Según él, un 25% de los vecinos no querían irse de Qianmen.

Aunque los altercados de hoy no han dejado de ser una anécdota, conviene preguntarse cuáles son los problemas que se han sufrido en la zona. Wang Hui apunta dos:

Primero, la compensación económica, que muchos consideran insuficiente. En pleno centro de Pekín, al sur de la Plaza de Tiananmen, los nuevos apartamentos valdrán una millonada. Ellos sólo han recibido una mínima parte de todo ese dinero.

Segundo, la forma en la que se ha reconstruido el barrio. En una zona con tanta carga histórica, los vecinos no parecen contentos con el resultado. Wang Hui, mientras los camareros cierran el restaurante, me explica que lo que han hecho es "nuevo, no es como era antes". "Han destruido demasiadas cosas", me dice mientras mueve la cabeza de izquierda a derecha. "Demasiado nuevo, demasiado nuevo", dice una y otra vez. Según él, "el 80% del barrio que conocía ha desaparecido".

A estos dos problemas que apunta Wang Hui (prefiere que no cite su nombre real), Olivier Meys, un belga que ha rodado un documental junto con Zhang Yaxuan sobre el tema durante año y medio, añade otro: la forma en la que los desalojos se han llevado a cabo. Aunque una parte importante de los afectados cogieron el dinero y se marcharon a zonas menos céntricas de la ciudad, muchos otros tuvieron que soportar presiones durante meses para abandonar sus hogares. En el documental, cuyo título traducido sería "La Desaparición anunciada" (前门前,A disappearence Foretold), se puede ver como la policía rompe los tejados de los vecinos que no firman el contrato, cierran sus puertas con tablas de madera y les cortan la electricidad o el agua. "No han podido hacer nada", me dice resignado Wang Hui, que todavía no sabe lo que pasará con su restaurante y su casa. En la zona todavía quedan numerosos hutongs, callejuelas antiguas y restaurantes llenos de historia como el de él.

Aunque la reconstrucción del barrio entero todavía no ha acabado, el día siete de agosto se abrirá la calle principal, Qianmen Dajie (前门大街). El proyecto se ha acelerado para estar listo durante los Juegos Olímpicos y la maratón pasará por la calle principal, aunque no forma parte de ninguna instalación olímpica.