Persona, animal o cosa

Jornada de reflexión. Usémosla para algo

Marta Nebot

Como aquí esta jornada se desperdicia –sabemos lo que vamos a votar, incluso antes de que empiecen las campañas electorales, y la única reflexión que se hace al respecto es: ¿merecerá la pena que vuelva antes de la playa, de la montaña o del bar?– propongo reflexionar sobre otros asuntos. Por ejemplo, según un reciente estudio de la OCDE (la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), las mujeres españolas descansan una media de 50 minutos menos que los hombres a diario. Que alguno dirá: "¿Y?". Pues que vale que en Italia la diferencia es de 80, pero es que sumando de 50 en 50 son trece días al año, casi la mitad de las vacaciones, y tanto es como para pensarlo. Sobre todo porque estas cosas se vuelven en contra de uno…

Me explico. Según otro estudio, éste de la Santa Iglesia Católica, los hombres y las mujeres pecan distinto –tranquilos, que no se refiere a que nosotras abortemos y ellos abusen de niños, ni a que lo uno sea más grave que lo otro–. En declaraciones de esta semana, el teólogo experto en pecado, Wojceich Giertych, dice que ellos cometen más el mortal de lujuria y gula y nosotras el de soberbia y envidia. Juntando los datos he llegado a la siguiente conclusión: ¡es normal! Porque con la mitad de tiempo libre se puede practicar menos lo único; ya sea por arriba (comiendo) como por abajo (otro gerundio). Y, claro, nos ponemos soberbias y envidiosas porque, aunque el trabajo dignifique, también cabrea sentir que siempre lo hacemos los mismos. Así que, a pesar de que me hace mucha gracia la ampliación dela Santa de la lista de pecados mortales –ahora incluye "la manipulación genética, los experimentos con personas, la contaminación ambiental, la droga, la injusticia y la desigualdad social, causar pobreza y la riqueza excesiva" en este orden– reconozco, sorprendida, que por una vez estoy de acuerdo con ella en algo: "Hay que recuperar el sentido del pecado".  Por lo tanto, trabajemos por igual y así podremos pecar más juntos que, sin duda, es como gusta más. Sobre el otro asunto a reflexionar, declaro que para mí sí que merece la pena ir a votar, aunque sólo sea para disipar un poco la sensación de que los hilos los manejan otros.