WEB 2.0 – Epifanía

Berto Romero

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Uno llega más tarde o más pronto a los lugares comunes colectivos. En mi caso, y en lo que se refiere a la llamada Web 2.0, viví una suerte de epifanía hace pocos días. Súbitamente, tomé conciencia del nuevo estadio en que nos hallamos los que, como yo, hemos encontrado en las redes sociales de Internet un nuevo espacio de comunicación infinitamente rico, multidireccional y sobre todo libre.

Hablo, aún a riesgo de sonar ingenuo, de la asunción de compartir la participación en una suerte de conciencia colectiva. De ese instante en que haces tuyo lo que antes considerabas postulados utópicos de visionarios. Lo que días atrás sonaba en tu mente a masturbaciones mentales de un geek, se convierte, ya converso, en la sólida idea de estar viviendo un  momento decisivo de cambio mental a través de la tecnología.

Para muchos, cada vez más, el proceso diario de informarse, divertirse, compartir ideas y sentimientos, poner verde a un tercero, buscar complicidades y causas afines, pasa por la consulta de blogs, twitter, facebook, youtube, tuenti, y un largo etcétera de herramientas virtuales. Allí hay ya una historia común con su mitología compartida, filias, fobias, personalidades, activistas, mirones, miserias e hitos alcanzados. Pero sobre todo, existe un modo de vida en que cada uno vale lo que ofrece y en el que, de nuevo, como en la vida “real”, hay que ganarse el estatus día a día, si bien esta vez en igualdad de condiciones con el resto de ciber-usuarios.

Sin duda los medios de comunicación tradicionales deben (debemos) poner barbas en remojo y asumir que nuestro futuro pasa por la total integración con la Web 2.0. Y sobre todo, los que formamos este nuevo ente vibrante y mutante, tenemos la obligación de proteger la libertad inherente a Internet. Y evitar que estados e intereses económicos hinquen el diente en este supuesto filón que, pese a sus repetidos intentos, sigue escapándose de sus codiciosas garras. Y en un último empujón optimista, me atreveré a decir que así seguirá siendo en el futuro. Porque intentar domesticar la Web 2.0 es como intentar domesticar la consciencia no de uno, sino de todos a la vez. Y eso es, y ojalá siga siendo, tarea imposible. Que así sea.