MIEDO – Ciclogénesis y otros sustos.

Berto Romero

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La ciclogénesis explosiva, la tormenta perfecta, la madre de todas las borrascas, el súper vendaval que venía a arrancarles la cabeza a nuestras respectivas madres y abuelas cuando salieran, pobrecitas, a comprar el pan desprevenidas, resultó no ser para tanto. Sin embargo, nadie se ha disculpado por el susto. Ni gobernantes ni medios de comunicación. ¿Qué? ¿Suena muy raro esto que pido? ¿Pedir perdón por asustar a la población civil? Quizá no era tan importante, claro. Al fin y al cabo es mejor prevenir que curar, ¿no es cierto? Me habré precipitado.

De acuerdo. Pero ya que sale el tema. Resulta que yo aún esperaba las disculpas de alguien, quien fuera, por lo de la Gripe A, que pasó de ser una pandemia devastadora a una versión más moderada e incluso preferible de la gripe estacional. Por el camino, nuestros estados protectores se gastaron una considerabilísima porción de nuestros impuestos en vacunas que no habían de servir para nada. Silencio, de nuevo. ¿Era por nuestro bien, otra vez?

La gripe mata. El ciclón arrolla. Alquilar es tirar el dinero. Caballero, debo inspeccionar su ano en busca de objetos punzantes. ¡Y líquidos! Ese moro oculta algo. Internet corrompe. Los mayas lo dejaron escrito. Cuidado con ese meteorito. Chica desconocida te droga y roba tus órganos. Video-vigilancia preventiva. Alerta inminente. Informativos con efectos de sonido añadidos. Estoy harto de vivir con miedo.

Recuerdo una valiosa frase de uno de los líderes religiosos más importantes de mi generación: “El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Veo mucho miedo en ti”. Maestro Yoda.

Tiene narices que deba recurrir a las enseñanzas morales de un títere para evitar caer en la lobotomía colectiva. Promovida por una tríada de estados paternalistas, empresas manipuladoras y medios de comunicación morbosos que, sospecho, intentan mantenerme(nos) en la parálisis del terror permanente con la consecuente anulación de mi(nuestro) espíritu crítico. Si se nos trata como a niños quizá debiéramos empezar a comportarnos como ellos: pasionalmente, sin límites, con  un puntito de inconsciencia y sobre todo, por encima de todo, sin miedo.