Persona, animal o cosa

RUTINA - Una reivindicación

Berto Romero

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Confieso que cada semana acaricio la idea de abandonar la escritura de esta columna. Frecuentemente la encaro desde la inseguridad acerca de qué tema tratar y la preocupación de no saber cómo abordarlo. Finalmente escribo algo, mejor o peor, y me siento liberado hasta la siguiente semana. Esa es mi rutina.

Los cómicos protagonistas de "Pájaros de papel", ópera prima en el cine de Emilio Aragón, pasan gran cantidad de horas mimando, puliendo y ensayando con cariño sus números, a los que se refieren también con el nombre de "rutinas". Este es el término que se usa en el mundo del espectáculo, más comúnmente entre anglosajones y franceses, para referirse al material de trabajo de los comediantes. Del mismo modo, en el oficio de la interpretación, y en esos mismos idiomas, para definir el acto de llevarlas a cabo se usa el término jugar, es decir "to play" y "jouer". Y eso es en esencia lo que hacen los niños. Juegan para aprender y aman la rutina sólida y constante, necesaria para desarrollarse de forma sana y construir su mundo. Y no es por casualidad que el juego y la rutina sean las bases del oficio de los artistas, que se ancla fuertemente en la necesidad de alimentar el niño que todos llevamos dentro.

La construcción de rutinas no es patrimonio exclusivo de cómicos, magos y actores, por supuesto. El ser humano es un animal de hábitos. Y, sin embargo, la rutina goza de muy mala prensa. Es una palabra con connotaciones oscuras. Nos asusta y desagrada pensar que caemos en ella. Paradójicamente, cuando nos precipitamos en el desequilibrio y la enfermedad, cuando nuestra vida entra en barrena, el primer paso para volver a recuperar la estabilidad mental pasa por la construcción de rutinas que nos ayuden a retomar el rumbo.

Ahí va un buen deseo de prosperidad a quien me quiera escuchar hoy domingo. Que tenga usted una hermosa vida rutinaria. Con una rutinaria y enriquecedora relación y un satisfactorio trabajo rutinario. Buenas y sanas rutinas que mimar, pulir y ensayar. Para que el disfrute de lo imprevisto e inusual lo sea más por su carácter esporádico que por su rareza intrínseca. Cuando no rompe, sino sólo interrumpe brevemente una dulce rutina. Y mañana es lunes, otra vez.