Persona, animal o cosa

EL ESTUDIANTE - Y su trabajo académico.

 Berto Romero

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Hace unos días un familiar me llamó por teléfono para transmitirme un recado de parte del hijo de un conocido. Al parecer el chaval en cuestión necesita hacer un trabajo académico y para ello le conviene asistir a un programa de humor. Por ello, su padre se puso en contacto con mi pariente. Como es lógico pensé que pretendía venir al late-night donde yo trabajo, pero mi interlocutor me aclaró que no, que el estudiante mostraba interés en acudir a otro programa de humor que se emite en otra cadena y que no tiene nada que ver con el mío. Ni siquiera es responsabilidad de la misma productora. Me extrañó, y así se lo comuniqué a mi allegado. Él me dijo que, de parte del mismo chaval (de su padre, más bien), me preguntaba si yo sabía a quien se tenía que dirigir para asistir a ese programa en cuestión. Aclaro que no se trataba de un niño, sino de un estudiante ya talludito.

Me anonadó bastante imaginar el tamaño de la bolsa escrotal del estudiante.Quizá pensó (aunque supongo que fue su padre quien lo hizo) que, al trabajar yo en la tele, me resultaría fácil dar con esos datos. Sin embargo, lo es para cualquiera que quiera hacerlo. Yo, que no soy precisamente ningún superdotado, simplemente tecleé en Google el nombre del programa acompañado de la palabra "productora" y obtuve los datos de la misma. En menos de 5 minutos ya tenía un correo electrónico, un teléfono y una dirección física. Que por supuesto no le facilité. No por malicia, mi ética me lo impidió.

No hay acritud en mis palabras hacia el chaval en cuestión, por supuesto. Seguramente decidió que sería más descansado conseguir lo que quería con sólo pedirlo. Lo cual puede ser cierto, pero me pareció un tanto triste. La anécdota me hizo pensar en cómo muchas personas puedan no haberse dado cuenta aún, o incluso ni siquiera se hayan planteado, que vivimos en un mundo en el que el acceso a la información es más fácil que nunca. Que disponemos de herramientas que están al alcance de nuestra mano que nos permiten acceder a recursos prácticamente ilimitados. Y cuidado, coincido en que quien no llora no mama. Pero también tengo claro que hay que dejar de mamar en algún momento, más que nada para no tener que llorar siempre.