LEGIONARIA DE CRISTO – Reza, paga y calla

El fundador de los Legionarios de Cristo (Marcial Maciel) no sólo fue adicto a la morfina, plagiador, pederasta, mujeriego y fértil (que se sepa, tuvo 6 hijos). Parece ser que también se montó una orden ilegal con novecientas jóvenes esclavas, según el diario mexicano Milenio. Su reclutamiento era como un casting: “mujeres sonrientes, con buenos modales, de buena presencia y escasa formación cultural y religiosa”. No es que las quisiera analfabetas, es que la formación sobraba porque estaban obligadas a vivir en el silencio y aisladas, excepto por la visita anual de sus adineradas familias y su llamada telefónica mensual. Este lazo con el exterior era importante ya que facilitaba que siempre hicieran un buen regalo de cumpleaños a su mentor, es decir, “un cheque de 250.000 dólares” cada una, aunque ya le hubieran donado todos sus bienes. Además, estaban obligadas a “no criticar” los actos de sus superiores y a delatar a quien lo hiciera. Su voto de obediencia era tan de obedecer que hasta pedían permiso para miccionar.
Llámenme mente calenturienta pero imaginen la posibilidad de que aquello fuera un harén patrocinado por fes ciegas pudientes y regentado por un proxeneta sin escrúpulos que, inexplicablemente, fue el protegido de Juan Pablo II, a pesar de que le constaban muchas denuncias en su contra.
¿Qué se contarían a si mismas estas religiosas ante su impotencia? ¿Que eran cosas del demonio? Podrían ser pero también podrían tener algo que ver con la misoginia de una institución que sólo escucha a las mujeres si son santas y les hablan desde el otro mundo.
Dicen que Ratzinger fue elegido porque declaró: “¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia!”. Ahora la cuestión es: ¿Se remangará y desinfectará a fondo o sólo va a limpiar un poco los polvos? Podría fichar a alguna mujer viva, para variar, aunque sólo sea porque hemos sido las especialistas en limpieza durante siglos. Y, si teme que la carne femenina sea débil, piense que la masculina no ha resultado de acero. Es verdad que a nosotras se nos puede notar más pero los hábitos disimulan bien las barrigas y como el que sale pecador lo sale mucho, ahí está el aborto. ¡Ay, no! Que, como es pecado de mujer, es imperdonable.