SINGULARIDAD – Manufacturada en serie.

Berto Romero

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Finalizada mi cena en un restaurante mexicano me dirigí al cuarto de baño con la sana intención de completar el ciclo de la vida. Finiquitado mi momento Hakuna-Matata, en comunión con el cosmos, habiendo dado al planeta parte de los bienes recibidos, me topé con un curioso tarjetero adosado a la pared. Paso a describir las tarjetas que se ofrecían allí gratuitamente. En ellas aparecía dibujado un smiley (consecuente con su nombre, es decir, sonriente. En efecto, existen smileys enfadados o indiferentes y no se les llama angrily o indifferently). El icono iba acompañado de la siguiente frase:  “Sólo le doy mi número de teléfono a personas como tú”. Debajo de la composición aparecían dos espacios, a rellenar por el interesado: “mi nombre” (espacio) y “mi teléfono” (espacio). Un poco más abajo, en una franja azul, la empresa responsable había incluido una franja con publicidad del local en cuestión.

Ideal para ligar con desconocidos/as. Sin embargo, cuando ofreces una tarjeta como esta (debidamente rellenada) a ese alguien tan especial, en realidad le estás diciendo: “eres una persona tan singular y única que te hago entrega de esta tarjeta producida en cadena por una empresa que, como bien debes intuir, las fabrica y comercializa en paquetes seguramente no inferiores a cien unidades”.

Automáticamente recordé una ocasión en que, estando yo en una discoteca alguien se aproximó y me entregó una tarjeta con el siguiente texto: “sonríe si te gusta que te sodomicen”. No sólo sonreí sino que estallé en una sonora carcajada. Lo cierto es que en aquella ocasión la tarjeta era en realidad un pedazo de papel escrito a mano, y quien me la entregó era un buen amigo.

Los sentimientos pierden fuerza, sinceridad y efectividad cuando son mediatizados por una cadena de fabricación en serie. Sólo existe un método para volver a dotarlos de sentido y es interviniéndolos, prostituyéndolos y singularizándolos de nuevo. Así que tomé un boli, taché “mi número” y cambié el sentido de la frase con un punto.“Sólo le doy mi teléfono a personas. Como tú”. Ahora debes entregar la tarjeta acompañada de tu móvil (el aparato). Y en ese caso, la persona que lo recibe sí que ha de ser muy especial.