BRISTOL PALIN – De profesión, conferenciante

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Marta Nebot

 Concha Velasco, de jovencita, cantaba: “Mamá, quiero ser artista. ¡Oh, mamá! Ser protagonista…”. Y podía parecer egocéntrica pero era innegable que lo suyo era vocacional. Sin embargo, la jovencísima hija mayor de Sara Palin,  Bristol, será conferenciante, sin haber cantado en público nada parecido.  Su currículo consiste en que tuvo un hijo, siendo una adolescente, poco después de que su madre hiciera lo mismo, en plena campaña electoral por la vicepresidencia del país más poderoso del mundo. Gracias a eso, según recientes informaciones, dará conferencias, por entre 15000 y 30000 dólares cada,  a “grupos provida, feministas o a favor de la abstinencia sexual”. De esto deduzco que algunas de sus charlas serán serias y otras muy divertidas. Porque, a parte de chistes, no sé que puede contar esta chica sobre abstenerse, como no sea lo de que se abstuvo de no casarse, para no joderle más la carrera a su madre, aunque su matrimonio fuera una farsa; como contó su exmarido en una entrevista muy lucrativa para él, después de divorciarse unos meses después de la boda. Lo de pasar por caja lo debió aprender de su exsuegra, que lo practica sin parar pero, eso sí, siguiendo órdenes de arriba. Sarah en su oportunísimo best-seller, repleto de creacionismo, declaró: “Mi vida está en manos de Dios. Animo a los lectores a hacer lo que yo hice hace muchos años, invitarle a que tomara las riendas.” La verdad es que a 30000 dólares el ratito a mí también me dan ganas de dejarle que me lleve la agenda. Recientemente, su Todopoderoso le debió sugerir que pidiera un millón y medio de dólares por capítulo por protagonizar un reality show. De momento, no sabemos si se lo darán o no, ni si el proyecto llegaremos a verlo pero lo que queda claro es que su Dios es muy duro negociando. Y oye, que a mi no me parece mal que se forren. Que, como ya he confesado, a juzgar por sus números,  más bien es que les envidio al manager. A mí lo que me molesta es que engañen a la gente, ya sea engañándose a sí mismas también o sabiendo lo que se hacen. Pero aun así, yo a esta chica le perdonaría todo por verla cantándole  a su madre: “Mamá quiero ser conferenciante ¡Oh, mamá! Vivir sin dar ni golpe…”.