Persona, animal o cosa

IMPOTENCIA IBÉRICA – Más de la admitida y deseada.

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Marta Nebot

Ya es público y notorio: uno de cada diez españoles tiene disfunción eréctil. "No puede ser", se dicen en su fuero interno los más machos… "Eso serán cosas de Aído y de Pajín. Porque, de ser cierto, querría decir que en la roja hay uno, entre mis amigos otro y en mi oficina también y, por supuesto, no soy yo; que lo mío es cansancio". A lo que me veo obligada a responder: "Pues es" y no según Aído, sino según la Sociedad Española de Andrología (ASESA). Y, además, tengo otra mala noticia: suele ser uno de los primeros síntomas de otras patologías. Según el estudio MALES (The Multinational Men´s Attitudes to Life Events and Sexuality), realizado por Bayer, el 64% de los que la sufren también tienen obesidad, diabetes, hipertensión o colesterol elevado. Así que es más que probable que el que se atreva a ir al médico a pedirle Viagra (no porque la necesite sino para probar qué tal), vuelva a dieta estricta y teniendo que asumir que una vez pasa pero que cinco seguidas es algo más que "María es que así no me das morbo". Pero no te asustes Manolo, que hay muchos como tú. De hecho el 42% de los que la tienen no va al médico y por eso la ASESA ha presentado estos datos junto con la campaña "La Salud del Hombre", que incluye un vídeo informativo protagonizado por Tricicle que pretende eliminar tabúes sobre el tema. A partir de los 40  debéis ir al médico al menos una vez al año, igual que nosotras, y tenéis que revisaros la próstata; eso que se hace dejando que te metan dos deditos, también como a nosotras pero por otro orificio. A lo mejor es que no somos tan diferentes y la salud es lo más importante ¿no? Que luego nos echáis en cara que vivimos más años y lo mismo tiene algo que ver con dejarse mirar. Porque, chistes aparte, muy mal anda la masculinidad ibérica cuando se oculta a si misma un problema como ése, si cree que su valor depende de la potencia de su mástil, si para seguir sintiéndose un machote pone en peligro su salud… Porque si en tan poco se valoran es que de verdad son impotentes, impotentes para saber quienes son e intentar seguir disfrutando del sexo, anteponiendo a eso un orgullo arcaico que debe proporcionar recompensas bastante menos satisfactorias que un buen polvo. No hace falta que se enteren en el bar, ni siquiera la parienta, sólo que vayas a mirártelo porque estás haciendo el tonto y te estás jugando algo más que tener a María contenta.