Persona, animal o cosa

EDUARDO GARCÍA ESCUDERO - Opinador marrullero

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Marta Nebot

 

En junio el opinador profesional falangista, Eduardo García Serrano, en una tertulia de televisión del canal Intereconomía llamó "zorra repugnante", "guarra" y "puerca" a la consejera de Salud de Cataluña, por lanzar una web de educación sexual para jóvenes con la que él no está de acuerdo. Digo falangista no sólo porque su padre lo fuera sino porque en mayo recogió un Micrófono de Oro de manos de Luis del Olmo, por el programa de radio que dirige para la misma empresa, y al recibirlo declaró para terminar su discurso y para perplejidad del público: "Y el café estaba excelente". La palabra café resulta ser una consigna falangista que en siglas viene a significar: Compañeros, Arriba Falange Española.

 

Hecho el inciso y volviendo al tema, ante tamaña injuria y dado el revuelo, pidió perdón públicamente. Durante más de siete minutos declamó una de las disculpas más largas y floreadas jamás emitida y que la cadena calificó como "momento histórico en la televisión". Llegó a disculparse ante sus jefes, los anunciantes y hasta ante sus padres muertos. Parecía querer demostrar que si hay que ir se va pero por la puerta grande y que es el mejor del mundo hasta pidiendo perdones. Y oye, que no es que yo no quiera creerle es que, sin buscar mucho, me he encontrado con otras lindezas suyas como, por ejemplo, a Pedro Zerolo:  "Vete a Teherán o a Damasco. ¿Sabes lo que van a hacer contigo? Te colgarían de la primera grúa que estuviera libre. En los últimos dos años han ejecutado a 8000 maricones como tú" y a Antonio Gala, al que llamó "maricona vieja" y dijo imaginárselo "acariciando efebos"... No sé si en esas otras ocasiones también se disculparía – y así ya iba entrenando – pero lo que parece claro es que si, como dice, como católico se arrepiente cada vez que insulta, la contrición no le dura mucho tiempo.

 

Hoy ser superlativo vende y es cierto que cada vez está el listón más alto pero, sin desearle mal, espero que pierda la querella que le ha interpuesto la insultada porque, aunque con el arrepentimiento de palabra baste en un confesionario, los ateos y agnósticos preferimos la justicia a la penitencia, que, como duele más al bolsillo que a las rodillas, es más ejemplarizante.

 

Con esto se confirma que la profesión de opinador genera delirios de grandeza pero debería de ser una como otra cualquiera, con sus normas y el que no las cumpla que pague, crea en lo que crea.