Persona, animal o cosa

Muerte. Anunciado en televisión.

Berto Romero

muerte-anunciada_-blog.jpg

Un colaborador de televisión llamado Coto Matamoros anunció el viernes 19 de junio su próximo suicidio en el programa "¿Dónde estás Corazón?" de Antena 3. El trágico suceso fue vaticinado con vistas a llevarse a cabo en la noche del 24 al 25 de junio. Precisamente estoy escribiendo esta columna el jueves por la mañana. De momento, no he tenido noticia del hecho. Si finalmente se produce ya lo sabrán ustedes porque el revuelo habrá sido considerable. Si no, simplemente habremos asistido a una nueva treta mediática del polémico colaborador para hacerse con unos cuartos y asegurarse una segunda aparición en un programa de este tipo aclarando lo ocurrido.

El mismo día en que Matamoros anunciaba su suicidio en televisión, Daniel El-Kum, estilista que participó en la edición de "Supermodelo 2007" en Cuatro, se quitaba la vida sin previo aviso catódico en su domicilio en Madrid. Sin embargo, varias cadenas de televisión mostraron las imágenes de su agonía captadas por un videoaficionado. Desnudo, en cuclillas, en el balcón de su casa, rodeado de llamas. Su condición de ex-famoso fue excusa y motivo más que suficiente para mostrarlo por última vez de la forma más indigna a los ojos de todos los televidentes.

Dos semanas antes, el domingo 7 de este mismo mes, la actriz Sara Casasnovas, conocida por sus papeles en series de televisión como "Hospital Central", "El Comisario" o "Amar en tiempos revueltos" era agredida por un acosador enloquecido a la puerta del teatro Reina Victoria de Madrid donde interpretaba la obra "La noche de la iguana". El agresor le disparó con una ballesta. Afortunadamente, no logró alcanzarla.

El debate sobre el derecho a la intimidad de los llamados "personajes públicos" ha vuelto a abrirse un año más. Y he vuelto a oír el argumento que se resume más o menos en "les va con el sueldo" o "es el peaje de la fama". Resulta evidente que yo no puedo ser objetivo. Pero creo que no debería existir sueldo ni fama en el mundo que justifique la posibilidad de ser asaeteado por una ballesta o humillado post-mortem siendo exhibido enajenado y desnudo en un balcón. Y por supuesto tampoco debería existir un sueldo que pague la venta de la propia muerte en televisión.