VOLAR – Mientras llamas por teléfono.

Berto Romero

Mi amigo Manel me comentó hace unos días que frecuentemente sueña que vuela. Le informé que soñarse a uno mismo volando es síntoma de felicidad, de estar tranquilo y tener el inconsciente relajado. Esto último, y así se lo confesé, lo leí hace tiempo no-sé-dónde (una mítica fuente de información incuestionable y muy respetada a la que me remito con frecuencia). Por supuesto, no tengo ninguna intención de contrastar un dato que ha hecho feliz a un amigo. Dejé, pues, a Manel muy contento y satisfecho con mi valoración de su actividad onírica.

Se sobreentiende, claro está, que Manel volaba en sueños como un pájaro, con sus brazos extendidos y planeando (y pasando) cual cóndor. O como Superman, que encogía un puño sobre su pecho y lanzaba el otro al frente, en una postura que hubiera llamado la atención por lo ridícula, si no hubiera sido soslayada por el detalle de llevar los calzoncillos por fuera (hay que perdonarle. Era un extraterrestre, como Alf).

Digo todo esto porque soñar con volar, tal como volamos en realidad las personas, no parece a priori argumento para un sueño relajante. Check-in, despelote, cacheo, bandejas, escáner, retraso, estrujamiento, cancelación, etcétera. No remite precisamente a sensaciones de felicidad, tranquilidad y relax. Aunque por lo menos, siempre me repetía a mí mismo al subir a un avión, es uno de esos pocos momentos en que no suena un teléfono. Ay, no. Era.

Antes del verano se anunció que se podría hablar por el móvil y mandar mensajes SMS desde los aviones. Así lo dejó claro una orden ministerial estadounidense regulada por el llamado MCA, la “Mobile Communication on Aircraft” (por favor, presidente Obama. añada un “Yeah” precediendo a las siglas y conviértalas en YMCA). Desde entonces, contengo el aliento cada vez que subo a un avión, esperando un timbrazo y un berrido tal como “hombre, Paco, ¿a qué no sabes dónde estoy?”. Y no se vayan todavía, amigos. Aún hay más. Empiezan a oírse voces que apuntan a que las aerolíneas se plantean la posibilidad de viajar de pie o en asientos plegables en los trayectos cortos.

Manel, lo último en relax REM va a ser soñarse sacando al perro a pasear. Pronto lo leerás no-sé-dónde. Ya verás.