Bernie Ecclestone. Dueño de la F1 y de sus palabras.

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Bernie Ecclestone la lió parda hace unos días con sus declaraciones sobre Hitler. Ecclestone es, recuerdo, el dueño de la Fórmula 1. Un deporte con dueño, aunque sea un deporte tan “sui generis” como es la Fórmula 1, es raro de escrotos. Como dice un amigo mío, si este señor un día se enfada, enrolla la pista y se va. Bueno, si no lo han visto nunca es una mezcla de Joe Pesci y Andy Warhol si aún viviera y normalmente sale en las fotos acompañado de señoras estupendas que le doblan el tamaño.

En una entrevista con el diario The Times se le puso la boca “on fire” y dijo que prefería los regímenes totalitarios a las democracias y elogió a Hitler por haber “conseguido que las cosas funcionasen”. Al día siguiente de hacer las declaraciones le cayeron palos de todas partes, claro, y Ecclestone matizó sus opiniones afirmando que se trataba de un malentendido. Aclaró que no quería citar a Hitler como ejemplo positivo sino señalar su “eficacia” e “indicar que, pese a sus terribles crímenes, actuó con éxito contra el desempleo y la crisis económica”. De pasada añadió que “la democracia no le hizo demasiado bien a muchos países”, dando como ejemplo la propia Gran Bretaña.

Casi que de tan tronados no vale la pena buscarle la punta a semejantes desvaríos. Si bien lleva razón en que las “cosas” funcionaron francamente bien en el Reich. A los nazis sólo les faltó el Excel y el PowerPoint para hacerlo impecable. Lástima que la palabra “cosa” sea en la frase de Bernie sustituta de “holocausto”.

Me llama más la atención, por no decir que me molesta profundamente, lo que no dice. La insolente vaguedad de la frase “la democracia no le hizo demasiado bien a muchos países”, como un “ya sabes a lo que me refiero”. En ese peculiar estilo tan facha de dar a entender que lo que no es dictadura es anarquía. Aquí he echado yo en falta datos objetivos como los que ofrece sobre el “estado del bienestar nazi”.

Por supuesto, la democracia no es tan eficaz como un régimen totalitario. En mi opinión es especial y esencialmente imperfecta, y ahí reside su gracia. Puede llegar a soportar imperfecciones tales como que un deporte tenga dueño. O que todo el mundo sea libre de expresar su opinión, aunque sea basura.