Persona, animal o cosa

VERGÜENZA NACIONAL - No cuidar de los nuestros

Marta Nebot

Está claro que hay gente sin vergüenza. La hay hasta en las más altas esferas. Los ejemplos más flagrantes y recientes son Bush diciendo que él era de los que no quería intervenir en Irak, a pesar de todos los vídeos que demuestran o lo contrario o que es un mentiroso patológico; Berlusconi, defendiéndose de las acusaciones de putero, pavoneándose de que le gustan las chicas guapas lo que, según él, es mucho mejor que que te gusten los  hombres  y el Papa de visita, acusando a este país de anticlerical, mientras se llena el bolsillo más que nunca con las arcas de este estado.

Lo que no está tan claro es si las naciones tienen o no vergüenza y cómo anda de eso la nuestra.

 ¿De qué debe avergonzarse un país?  Si admitimos, como máxima inevitable, que todos los países miran primero por sus propios intereses y que, por lo tanto, la política internacional es una merienda de negros y la diplomacia el camarero que cuida de que en esa mesa no falten flores, la cosa se simplifica. Los países sólo tienen que avergonzarse de no cuidar de los suyos.

Por lo tanto, se me ocurren dos grandes motivos por los que hoy nuestra bandera debería ponerse todavía más roja. Tenemos muertos enterrados en las cunetas a los que no se da sepultura, a pesar de una ley y de los ruegos de sus familiares y una exprovincia, la 53, abandonada a su suerte y aplastada por la represión brutal de un país vecino, casi con nuestro beneplácito. Lo del Sáhara clama al cielo desde hace 35 años y ni los gobiernos socialistas ni los otros han hecho nada al respecto. Ahora las Cortes Valencianas acaban de proclamar que se debería hacer algo. Habría que ver si afirmarían lo mismo si fueran los suyos los que tuvieran que bailar con la más fea. Como dijo Felipe González, en una reciente y sonada entrevista,  el común de los mortales sólo nos enteramos de la misa la media y en esto hay mucha más cera de la que arde. La amistad con Marruecos es más valiosa que una vergüenza que pasa desapercibida. Somos muy solidarios con las catástrofes lejanas pero no con una que está tan cerca como Canarias, que es responsabilidad nuestra y que todavía conserva DNI, idioma y costumbres españolas. En esto España  parece hasta xenófoba. 

Está claro que hay gente sin vergüenza. La hay hasta en las más altas esferas. Los ejemplos más flagrantes y recientes son Bush diciendo que él era de los que no quería intervenir en Irak, a pesar de todos los vídeos que demuestran o lo contrario o que es un mentiroso patológico; Berlusconi, defendiéndose de las acusaciones de putero, pavoneándose de que le gustan las chicas guapas lo que, según él, es mucho mejor que que te gusten los  hombres  y el Papa de visita, acusando a este país de anticlerical, mientras se llena el bolsillo más que nunca con las arcas de este estado.

Lo que no está tan claro es si las naciones tienen o no vergüenza y cómo anda de eso la nuestra.

 ¿De qué debe avergonzarse un país?  Si admitimos, como máxima inevitable, que todos los países miran primero por sus propios intereses y que, por lo tanto, la política internacional es una merienda de negros y la diplomacia el camarero que cuida de que en esa mesa no falten flores, la cosa se simplifica. Los países sólo tienen que avergonzarse de no cuidar de los suyos.

Por lo tanto, se me ocurren dos grandes motivos por los que hoy nuestra bandera debería ponerse todavía más roja. Tenemos muertos enterrados en las cunetas a los que no se da sepultura, a pesar de una ley y de los ruegos de sus familiares y una exprovincia, la 53, abandonada a su suerte y aplastada por la represión brutal de un país vecino, casi con nuestro beneplácito. Lo del Sáhara clama al cielo desde hace 35 años y ni los gobiernos socialistas ni los otros han hecho nada al respecto. Ahora las Cortes Valencianas acaban de proclamar que se debería hacer algo. Habría que ver si afirmarían lo mismo si fueran los suyos los que tuvieran que bailar con la más fea. Como dijo Felipe González, en una reciente y sonada entrevista,  el común de los mortales sólo nos enteramos de la misa la media y en esto hay mucha más cera de la que arde. La amistad con Marruecos es más valiosa que una vergüenza que pasa desapercibida. Somos muy solidarios con las catástrofes lejanas pero no con una que está tan cerca como Canarias, que es responsabilidad nuestra y que todavía conserva DNI, idioma y costumbres españolas. En esto España  parece hasta xenófoba.