EL «HOMO ANTECESSOR»- Caníbal y diestro

Marta Nebot 

Los arqueólogos de Atapuerca me han dejado casi tan muerta como los fósiles que estudian. Dicen que los primeros europeos practicaban la antropofagia y no en plan “Viven” (la peli sobre el siniestro aéreo en el que se comieron humanos para no palmarla). Se zampaban a sus rivales, después de darles matarile, sin ritual ni nada y preferían la carne de niños y adolescentes (el lechal de la época). Además, afirman que el “Homo Antecessor” –así de obviamente ha sido bautizado- no lo hizo puntualmente; lo suyo fue continuado. A esto hay que añadir que otro estudio sobre los mismos señores –que son nuestros tataratarabuelos, nos gusten o no- concluye que ya usaban preferentemente la mano derecha. Con estos descubrimientos, los últimos acontecimientos se aclaran mucho… De repente entiendo qué ha pasado en las últimas elecciones europeas. La crisis económica (fruto de un exceso de liberalismo) nos hizo creer que ganaría la izquierda pero los genes son así, salen cuando menos te lo esperas. No soy yo la única que, aunque creí que me había librado de ciertas herencias, en ocasiones me veo haciendo cosas que ni mi abuela. Además, los genes cuanto más viejos son los dueños más se manifiestan y Europa está mayor (hasta la llaman “la vieja”). Si es verdad eso de a los veinte comunista y conservador a los cuarenta, ¿qué pasa cuando se tienen milenios? Pues que hasta salen intelectuales diciendo que con Hitler funcionaban las cosas y con Franco todo era más plácido. Y es que el canibalismo con los siglos se ha desmadrado. Ya no sólo nos comemos a los enemigos, si no al que haga falta para mantener nuestro estatus. Un familiar de una víctima del último avión estrellado ha puesto el dedo en la yaga preguntando ¿por qué hay una flota para el primer mundo y otra para el resto? Supongo que los del Yak-42 también se lo han preguntado. Mi última conclusión es que tanto calor seguro que tuvo algo que ver con que seamos como somos porque a mí, que no pongo ni el ventilador, se me ha ocurrido que los que intentamos no ser caníbales, al menos, deberíamos comernos las uñas los unos a los otros para entender nuestra auténtica naturaleza y mejorar la convivencia con los que son más humanos.