SECRETOS – Que en realidad no lo son.

Berto Romero

Te voy a contar algo muy importante sólo a ti porque te considero un lector especial. Los secretos (que en realidad no lo son) se desarrollan en tres fases: una pregunta, una respuesta, y una advertencia. Las dos primeras son: “¿Sabes guardar un secreto?” y “Sí, por supuesto”. La primera es una consulta innecesaria. La segunda, una contestación mecánica que simple y llanamente es una mentira. Quien formula la pregunta sabe de antemano que le van a responder que sí. La Historia no ha dejado constancia de nadie que ante dicha cuestión haya confesado: “pues no, soy incapaz de guardar un secreto. Así que no me lo digas, porque se lo contaré a alguien nada más salir de aquí”.

Además, da igual. Quien responde sabe perfectamente que a su interlocutor le importa un pimiento lo que diga. Está a punto de largar, va a vomitarlo todo, tiene la presa a punto de romperse, los troncos vienen cuesta abajo. No es más que un pacto tácito, un trámite. Un eslabón de una cadena que comenzó en otra pregunta y otra respuesta iguales, vete a saber hace cuantas secuencias gemelas a ésta.

La clave que hace que funcione la serie es la tercera fase, la que permite que el secreto (que en realidad no lo es) se transmita de nuevo. Se trata de la siguiente advertencia: “no se lo cuentes a nadie, que quede entre nosotros”. Dejando claro, eso sí, que es la primera y única vez que se transmite la confidencia, y que sólo se hace en esta ocasión por ser el receptor una persona especial y única. De esta manera el bocazas queda legitimado y el nuevo huésped de la información sólo debe repetir la fórmula para seguir con la cadena.

De este modo ocurre que en una reunión de amigos, en una cena familiar, en una oficina, o en cualquier otro grupo humano, se da la siguiente situación: todo el mundo conoce las interioridades y las miserias de los demás, pero nadie habla de ello. Si en algún momento, por algún error del sistema, el secreto (que en realidad no lo es) sale a la luz, todos se rasgarán las vestiduras, y se producirán graves desajustes del status quo. Porque los secretos (que en realidad no lo son) son como los vampiros o los demonios, lo importante es que se crea en ellos.

Ahora ya lo sabes. Que quede entre nosotros.