LESLIE NIELSEN – EL cómico retroactivo.

Berto Romero

A mediados de los 90 vi en la tele un documental sobre el cine de David Zucker, Jim Abrahams y Jerry Zucker. Los ZAZ eran los padres de un subgénero de comedia basado en el gag absurdo, el incesante uso del chiste visual en segundo plano y un estilo de interpretación alejado del histrionismo, apoyado en el uso de actores “serios” reconvertidos en comediantes. Las sagas de “Airplane!” y “The Naked gun”, siempre traducidas en nuestro país con el esquema “algo+como puedas” son puntales del subgénero. Y Leslie Nielsen, su icono, era el conductor del documental. Al introducir la cuestión del absurdo en sus películas, Nielsen, mirando a cámara, anunció formalmente: “si es realista, que sea rápido”, hizo una breve pausa y corrigió “si es surrealista, que sea rápido”. No hizo gesto alguno subrayando el error. Ni muecas, ni titubeos. Era un actor muy serio equivocándose con un aplomo que robaría el corazón a mi generación.

El actor, que había comenzado en el cine como galán, resultó tan divertido en su nueva faceta de “señor envuelto en chorradas que no pierde su dignidad” que vio como se teñía de comedia todo su trabajo previo. Desde su primer “como puedas” resultó imposible volver a verlo en cualquier papel anterior sin sonreír. El extraño caso de un actor poseído por la comedia con efectos retroactivos.

En 2009, Nielsen acudió al programa “Buenafuente” para hablar de “Spanish movie”. Consciente de su avanzada edad, de sus problemas de audición y del hecho de venir a someterse a una entrevista en un idioma extranjero, llegó armado con un cojín de pedos, del que no se separó. Lo accionaba secretamente, y observaba impertérrito las caras de asombro del equipo. Y entonces ocurrió algo.

Leslie Nielsen tropezó en un escalón y cayó al suelo, de espaldas, ante el estupor de los asistentes. Por un lado, la caída del cómico, tantas veces vista en el cine, movía a la carcajada. Por el otro, un anciano dándose tamaña leche nos aterrorizó. Todo el mundo en la sala congeló el gesto, conteniendo la risa y el susto. Y Leslie Nielsen, desde el suelo, con cara de palo, accionó su máquina. Cuesco. Todos reímos. Menos él, que se levantó y, muy serio, se fue a su camerino. Grande, descanse en paz.