BESO – De Shakira y Piqué.

Berto Romero

Leo en la prensa que varias publicaciones han hecho una oferta de 100.000 euros por una foto de Shakira y Piqué besándose. Según declara uno de los fotógrafos, desde entonces una docena de paparazzis patrullan Barcelona en cinco coches y dos motos. Comenta que cada día esperan a la pareja en la puerta de su domicilio, que se producen persecuciones y se suceden frenazos y acelerones para despistarse unos a otros. Que Shakira viaja estirada en el suelo del coche para no ser retratada. Que, parafraseando al fotógrafo, “un día va a haber un accidente”. Y lo peor del caso es que la truculenta hipótesis no nos coge por sorpresa, ¿verdad? ¿Lady Di? ¿Túnel del Alma? ¿Acaso creen que les importaría a los responsables de estas publicaciones que ocurriera de nuevo algo así? Para nada. Aumento de ventas durante un par de semanas, trabajo extra para tertulianos y comentaristas del corazón y a por otra presa.

La caza a la persona se justifica cuando ésta es una persona pública. ¿Y eso qué es? Una zona gris en el derecho a la intimidad. ¿Cómo se cuantifica? No se sabe con certeza. Se intuye. Da lugar a entretenidos debates entre juristas. En realidad, es una lotería de la que nadie está a salvo. Usted que lee esto tampoco. No es tan difícil alcanzar este estatus. Sólo hace falta que se vea involucrado en cualquier asunto que tenga relevancia pública (ponga aquí la causa que quiera. Un accidente, un crimen, un golpe de suerte azaroso y encontrará un precio puesto a su cabeza).

Hay algo echo de menos en todas las versiones de esta noticia que leo: que se haga público el nombre de las publicaciones que ofrecen la suma de dinero. Se habla de “medios”, “publicaciones”, “revistas”. ¿Y cuáles son exactamente? ¿Quién está detrás de esta actualización del cartel de “Wanted” del Far West? ¿Porque es eso, no? Se trata de convertirnos a todos en potenciales cazarrecompensas con un arma fotográfica en el bolsillo.

Digo yo que si no ha de haber privacidad para nadie, que no la haya tampoco para quien organiza la caza mediática. Así si, Dios no lo quiera, llega la hora de volver a lamentarse, por lo menos todos tendremos claro quien es el responsable. Para señalarle con el dedo de la vergüenza.