Persona, animal o cosa

EVO MORALES - Ni ángel ni demonio

Marta Nebot 

En 2005, andaba yo haciéndole cosquillas al poder con un micrófono, cuando  Evo Morales fue (con su jersey a rayas) a
la Cámara de Comercio, donde los repsoles que sangran Latinoamérica y lo que se deja, le agasajaron con un almuerzo que me pareció una versión contemporánea de la última cena (un Cristo y doscientos Judas); el tímido campesino indígena en el centro de las miradas engominadas. En campaña había prometido nacionalizar los hidrocarburos de los que chupa España y aquellos señores pretendían descubrir si, ahora que era presidente por mayoría, de verdad estaba dispuesto o si el asunto se podía negociar. Querían ser agradables, ganárselo pero, ni con el más exquisito menú regado con el mejor caldo ni con las sonrisas profident más blancas, podían competir en hospitalidad con quien cuando viene un invitado mata a su mejor carnero. Muchos de aquellos españoles poderosos, no pudiendo disimular la incomodidad de cortejar a quién no sabían cómo, desprendían un tufillo que olía a desprecio. Uno de ellos me confesó que tenían plan B pensado ya: "Si nos cierra el grifo, nos iremos con nuestros millones a Libia o a donde sea"–cosa que suena como lo de las simcavs–. Para ellos lo único que estaba en juego era lo que cuesta montar el chiringo (las infraestructuras) porque, tal y como está el mundo, hay otros sitios que explotar. Despedí el reportaje deseándole que no se lo merendaran. Cuatro años después nadie se ha comido a nadie (expropiaciones de latifundios aparte).  Es más, él se puso en huelga de hambre para conseguir aprobar un cupo de 8 escaños para los indígenas y que puedan votar los emigrantes fuera. Además, Bolivia va bien. Por primera vez le salen las cuentas (superávit fiscal) y cancela su deuda externa. España le acaba de condonar 70 millones de euros a cambio de que se gaste 28 en educar. Que habrá quién diga: ¡qué generoso Zapatero en crisis! Y otros: ¡qué oportuno para los repsoles que siguen allá! Como decía Churchill, en política exterior no hay amigos ni aliados sólo intereses; a lo que me permito añadir ni ejes del bien y del mal. La realidad es mucho más compleja que una peli de buenos y malos. Somos humanos. Nunca es tan sencillo ¿verdad?