SAMPLER – Elogio del plagio.

Berto Romero

Pues que se ve que el último single de Coldplay suena parecido a “ritmo de la noche”, aquel hit veraniego cuyo eco resuena a cubata y tortillaza de sudor en la camisa. “Tan tan tan-tan…” ¿te acuerdas? Pues es bien igual. Y esa es la cosa ahora, averiguar si han plagiado o no el tema en cuestión. Porque, claro, parece ser que han pagado los derechos para samplear el piano, pero vete tú a saber. Ya se dijo que en “Viva la vida” habían fusilado otro tema y tal. Aunque vaya, no sé de qué te sorprendes, ejemplos de estas prácticas los hay a puñados y… Bueno, ya está bien. ¡Qué cansino llega a resultar el tema del plagio!

¿Cuándo es plagio, copia, inspiración, reinvención o interpretación? ¿Quién va a dibujar esas fronteras? ¿Qué loco se consagraría a una tarea que se acerca a lo físicamente imposible? Por supuesto que los hay. Hay jueces, peritos y gestores de derechos que inventan métodos para determinar cuántas notas separan un plagio de una melodía simplemente parecida.

Pero la realidad es que no se pueden poner puertas al campo y las esporas viajan libremente llevadas por el aire. No sólo en música, también en televisión, teatro, cine, y por extensión en cualquier oficio artístico. El contagio no sólo es inevitable sino deseable. Ya sea voluntario o accidental, lo del plagio es un concepto cada vez más antiguo. Nos movemos en un magma creativo sin precedentes en la historia de la humanidad. Las membranas que separan las creaciones artísticas y los artistas son permeables y mutables. Gracias a Dios, ¿qué clase de mundo sería este si el arte no se contagiara como una fiebre? Todos somos producto de la digestión de lo que tragamos. Y cuando no es consciente, la copia se produce de forma espontánea, ya sea porque desembocamos al mismo tiempo que otros en una idea similar, llevados por los mismos ríos de pensamiento, alimentados por manantiales de ideas comunes, o porque nuestro subconsciente regurgita mezclas desde rincones insospechados del alma.

Es la era del sampler, el puzzle y el collage. Años de elogio del plagio.