Persona, animal o cosa

CONFUSIÓN - Sobre "eso".

Berto Romero

Perseguir al alcalde Gallardón hasta la puerta de su casa e increparle junto a su familia no fue una buena idea. Zarandear, tirar objetos y marcar con spray a diputados que intentaban entrar al Parlament tampoco. Coincidimos casi todos en que el arma más poderosa de "eso" que nació el 15M era su profunda convicción no violenta, tras la cual nos abanderábamos en masa con la feliz ilusión de provocar "a lo Ghandi" una reacción en los políticos. Y coincidimos también en que esta semana muchos se han (nos hemos) podido sentir decepcionados al intuir que las protestas de los indignados podían estar derivando hacia líneas más agresivas.

Cuidado con la confusión que provocan las etiquetas. ¿"Movimiento 15M"? ¿"Indignados"? ¿Todos son la misma cosa? ¿Qué cosa? La necesidad de poner nombre a "eso" es grande. Cuanto antes se catalogue antes se podrá desarmar. Muerto el perro se acabó la rabia. Y a lo mejor no existe tal perro, y es tan sólo una acumulación de rabia. Que yo recuerde, precisamente "eso", lo que echó a la gente a la calle hace un mes no tenía organización, ni dirección política, ni tan sólo portavoces oficiales. Yo les voy a llamar "eso", ¿de acuerdo? Una etiqueta recién puesta y aún sin connotar.

El debate se centra ahora en si "eso" se ha vuelto Chuck Norris o si son policías secretas infiltrados en sus filas los que inician los altercados. "Eso" es informe, inconcreto y da miedo. Tiene una apariencia mutante, ora perroflauta, ora encapuchado sediento de sangre. Y es útil. La ceremonia de la confusión es conveniente. En Barcelona ayudó a poner sordina al brutal recorte social en educación y sanidad llevado a cabo dentro del Parlament.

"Eso" se prepara para tomar otra vez la calle mañana, 19J, contra el pacto del euro. Mantiene sus razones intactas. Porque lo que no ha cambiado en este último mes es la actitud de la inmensa mayoría de la clase política. La vergonzosa realidad es que sigue mirando para otro lado mientras la calle pide cambios a gritos cada vez más fuertes.