ANIVERSARIO – Pico de pesadillas

Berto Romero

Esta semana se cumple el primer aniversario de mi “pico de pesadillas”. Es el nombre con el que bauticé al periodo de mi vida en que he experimentado más terrores nocturnos. No acostumbro a sufrirlos. De hecho, no suelo recordar los sueños. Creo que nunca les he prestado mucha atención porque me cogen durmiendo.

Como sea, en agosto de 2010 se juntaron tres factores: el calor pegajoso del verano de Barcelona, una mudanza y la inminencia del nacimiento de mi primer hijo, acontecimiento éste último que vendría a ocurrir dos meses después.

Fueron tantas y tan vívidas que anoté las pesadillas más impactantes del ciclo: en una de ellas mi hijo era una cría de gorila. Adorable (y obviamente monísima) pero provista de garras y muy fuerte. Al intentar dormirlo me borraba de un zarpazo las facciones del rostro. En otra yo formaba parte del equipo técnico de los Black Eyed Peas y llegaba a media hora de comenzar un concierto suyo en Badalona. Todo estaba por hacer, el escenario pelado,  y los miembros del grupo, con los brazos en jarras me apremiaban. Entre sudores fríos me ponía a tirar cable.

Una noche, los nazis cambiaban al bebé por otro y trituraban a mi primogénito para hacer con él hamburguesas del Tercer Reich. Otra, el bebé tenía la frente escalonada. Una madrugada, un juez me condenó a la silla eléctrica en octubre. Y en la última, mi mujer y yo contemplábamos una barriga gestante, autónoma, girando como una lavadora en una esquina de la habitación.

Pese a que me despertaba sobresaltado en mitad de cada noche, las recuerdo con enorme ternura. No se han vuelto a repetir. No he vuelto a tener pesadillas. Ni a soñar. De hecho, no he vuelto a dormir. O por lo menos a lo que entendía antes como dormir. He llegado a la conclusión de que mi hijo, hoy, para evitarme malos tragos nocturnos, interrumpe todas mis fases REM para protegerme de ellas.

Curiosamente, durante el “pico de pesadillas” no hubo ninguna que presagiara un futuro sin ellas. Nunca creí que se las pudiera echar de menos.