GADAFI – Trapos en la boca.

Berto Romero

Recuerdo cuando los presentadores de los informativos avisaban a su audiencia cuando las imágenes que iban a emitir eran “fuertes”. Por supuesto, cada vez que oía a un presentador soltar la frase “lo que van a ver a continuación puede herir su sensibilidad” agudizaba mis sentidos y me tensaba como un gato para no perderme detalle, pero en el fondo agradecía su consideración.

Con el tiempo, como público nos hemos ido acostumbrando a la violencia, la casquería y la barbarie. Entiendo que nos han borrado la candidez a golpe de película y videojuego pero, como mi espíritu está formado en esa época pretérita, aún me saltan las alarmas cuando, viendo las noticias, pasan alegremente de las declaraciones de un ministro a un asesinato rodado con cámara en mano.

La cámara en mano es un teléfono móvil. Los cámaras, una legión de ciudadanos oprimidos sedientos de sangre. Y el muerto es Gadafi. Puedo entender que necesitemos pruebas gráficas para convencernos de la desaparición del dictador o que muchos deseen aliviarse contemplando el final más desagradable para el tirano. Pero a mí me pilló tragando una cucharada de crema de puerros en la boca que me supo toda la tarde a sangre y terror. Un plano secuencia interminable, repetido en días sucesivos con nuevas tomas de improvisados reporteros. A mí con una foto me hubiera bastado, pero supongo que son las contrapartidas del sacrosanto derecho a la información.

Me nace una reflexión más una vez vista la secuencia de la muerte de Gadafi. Esa gente fotografiándose con el cadáver, incluso días después, cuando éste permanece en una cámara frigorífica, progresivamente corrompido, viéndose obligados los visitantes a ponerse trapos en la boca para protegerse del hedor. Es la quintaesencia del “hacerse una foto junto a un famoso”, el trofeo para enseñar a los amigos. Signo de nuestros tiempos.

Y a la vez suena medieval: la exhibición pública de la cabeza en una pica a la entrada de la ciudad para amedrentar a la población. Sólo que ahora entra en casa retransmitida en tiempo real para todos los rincones del globo. Sabor a puerros y sangre en la boca.