VIRUS – Hay una pasa.

Berto Romero

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El pasado lunes, aproximadamente a las 22:45, mi sistema digestivo eclosionó en una vorágine de vómito que me mantuvo abrazado a la taza del inodoro hasta las 3:00 de la madrugada. Non stop. A la mañana siguiente, aturdido y dolorido por los espasmódicos esfuerzos, intenté hacer memoria de mi historial alimentario anterior al episodio regurgitativo. Identifiqué un posible culpable: 24 horas antes había comido por primera vez en mi vida unas ostras. Coincidía que un amigo que las compartió conmigo se hallaba en actitud de “írsele la vida por el culo” (Pepe Rubianes dixit) en el momento en que le llamé para intentar confirmar mi hipótesis.

Vino entonces el proceso de refrendo a través de la memoria y la sabiduría colectivas. Decenas de conocidos compartieron conmigo sus experiencias. “A mí me pasó exactamente lo mismo”, “un amigo mío vivió la misma situación”, “esto es muy habitual con las ostras”. Incluso una amiga gallega me dijo que tras comerlas debe beberse un vaso de leche (¡leche! ¡como si fuera veneno). De entre todos mis conocidos, sólo mi amigo Rafel se opuso a la corriente de opinión general que culpabilizaba a las ostras de mi momento “calcetín” (cuando me di la vuelta sobre mí mismo. Inside-out). Él apostaba por la “opción virus intestinal”, que él acababa de padecer y que yo debía compartir ya que , en su opinión, “se ve que hay una pasa”.

El miércoles mi sistema digestivo volvió a rasgarse, esta vez hacia los cuartos traseros, en un infernal trasiego de semi-solidez fecal. Una visita al médico confirmó que, efectivamente, se trataba de un virus intestinal, del que al parecer “hay una pasa”.

Vino entonces un nuevo proceso de refrendo a través de la memoria y la sabiduría colectivas. Los mismos conocidos compartieron conmigo sus experiencias. “A mí me pasó exactamente lo mismo”, “un amigo mío vivió la misma situación”, “yo he comido ostras muchas veces y nunca me ha pasado nada”, “¿ves cómo hay una pasa?”, se jactaba Rafel. ¿Saben qué creo yo? Que nadie sabe nada y que además no importa. Virus, ostras… Simplemente he pasado una semana yéndome por la pata abajo y la pata arriba, y no hay explicación aparente. No pasa nada. Hay una pasa.