DORA – Y su incómoda mirada.

Berto Romero

Dora la Exploradora es una serie de gran éxito entre los niños en edad preescolar. Es una pequeña aventurera que busca siempre algún objeto o lugar perdido y ayuda a su mono Botas a realizar variadas misiones. En la versión original, Dora es una niña latina que de vez en cuando suelta frases y palabras en castellano para que los niños se familiaricen con esta lengua y la cultura latinoamericana (aquí, gracias al doblaje, Dora sigue siendo una niña latina, pero suelta frases en inglés). Como tantos otros personajes de dibujos animados que buscan fomentar la interacción y la participación activa, en determinados momentos Dora lanza preguntas a los niños telespectadores. Pero a diferencia de (por poner un ejemplo) Pocoyó, serie en la cual podemos oír la respuesta en las voces de unos niños de edad similar a los espectadores, cuando Dora pregunta algo se queda unos segundos mirando a cámara, esperando.

La primera vez que vi a la pequeña viajera se produjo un momento violento. Tras la pregunta de rigor, la niña se quedó mirando fijamente hacia el interior del salón de casa. Mi hijo aún era pequeño para responder a la exploradora, y no me pareció oportuno hacerlo, pues me daba cuenta claramente de que la pregunta no estaba dirigida a mí. Allí estábamos, un adulto y un bebé sosteniéndole la mirada a un dibujo animado, durante unos segundos que se hicieron eternos, en una situación de incomodidad catódica totalmente nueva e inesperada.

Y sin embargo, aún fue más interesante lo que ocurrió días después. Estaba viendo el informativo de la tarde, concretamente el repaso a la actualidad económica, en el habitual tono aterrador y apocalíptico. Al acomodar mi trasero en el sofá, activé el botón que te sintoniza el último canal visitado, que en mi caso, había sido uno infantil. Ahí apareció de golpe Dora con su expresión inquisitiva, esperando una respuesta. Aquellos segundos de estupefacción y embarazo dieron una verdadera dimensión a las noticias. Del mismo modo que aquel contraplano de un gato en el skech “Confunde –gatos S.L.” de los Monty Phyton aportaba la sal y la pimienta al gag.