Persona, animal o cosa

EL TRANSFUGUISMO - Políticos que cambian de camiseta

Marta Nebot

Este fenómeno me hace pensar en lo peor de la política, que es como el deporte: siempre se está disputando algo que se gana o se pierde (con deportividad o no tanto) y puede haber juego sucio, en concreto, del peor.  

Siguiendo el símil, al votar elegimos un equipo –que no a un jugador porque no hay listas abiertas– y una forma de jugar o plan de ataque (el programa con el que, en principio, se sale al césped o al parquet –dependiendo de la modalidad que uno se imagine–). Hasta ahí bien. Pero una vez que se les saca al terreno de juego, los deportistas elegidos pueden cambiar de camiseta, por todo el morro, en mitad del encuentro, sin que los que les sacamos al campo podamos ni ragañarlos. ¡Menuda competición! ¡Y menuda cara de idiotas que se nos queda a los seleccionadores! 

En realidad, con la elección se les concede un paracaídas de oro, parecido al de los superejecutivos, que ahora son tan criticados. Es como si a cualquiera de nosotros no se nos pudiera despedir porque tuviéramos contrato de cuatro años, aunque dejáramos de hacer el trabajo para el que se nos contrató o, peor, lo hiciéramos para otros. Y, por si esto fuera poco, también están a los que echan de los equipos (como ha pasado con tres del PP de Madrid por su implicación en el caso Gürtel) pero siguen jugando. El partido les ha quitado el carné o camiseta pero se les mantiene el sueldo, el escaño y el derecho al voto. Que –digo yo– si su partido no los quiere, los madrileños tampoco.  

Así que mejor que dejen de firmar pactos anti –que se olvidan y tergiversan porque siempre se pueden firmar otros (llevan ya unos cuantos)– y lo arreglen en serio, que no parece tan complicado: el que se cambie la camiseta que no juegue y si para eso hay que cambiar el reglamento, aunque se llame Constitución o Biblia, por favor, háganlo. Porque estos casos provocan que en el subconsciente colectivo se ratifique la idea de que "esto es un cachondeo" y de que da igual lo que se vote. Terminen con el hoy por ti y mañana por mí. Si es verdad que la democracia es el sistema menos malo es porque se puede mejorar desde dentro. Vayan mejorándolo y el imprescindible juego de la política tendrá más seguidores y más votos.