AVATAR – Envidiando a Evo Morales

Berto Romero

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A principios de semana se me iluminó el gris del día cuando leí en la prensa el siguiente titular: “El Vaticano critica la película “Avatar” por no tener emociones humanas”. Una vez más, se trataba de uno de esos titulares engañosos y epatantes con que esos malditos periodistas intentaban llamar mi atención. Párrafos más abajo aclaraban que la opinión había aparecido en “L’Osservatore Romano” y “Radio Vaticano”. Cuál no fue mi decepción al comprobar que no había sido el Papa mismo, Benedicto XVI, quien, tras acabar una homilía, hubiera dicho algo parecido a: “bien, y pasamos ahora a hablar de cine y a repasar los estrenos de la cartelera de esta semana”.

Pero no hay yin sin yang ni alcachofa de lata sin su anchoa. Y quiso el destino que tras tamaña decepción, viniera a dibujarme una sonrisa una nueva noticia, otra vez relacionada con este masivo éxito taquillero. Porque Evo Morales, el presidente mundial en activo con el cabello más sano del mundo, también daba su opinión sobre ella (la precisión “en activo” impide que el número uno sea para José María Aznar). Decía Evo que “Avatar es una profunda muestra de resistencia al capitalismo”. Líbreme el Vaticano de hacer crítica de cine, pero me sorprendió que alguien introdujera el concepto “profundidad” como halago hacia “Avatar”. Del mismo modo, como antes, el dato clave vino tras el titular.

Resulta que era la tercera vez que Evo Morales iba al cine en su vida. Según la agencia estatal boliviana ABI, el primer largometraje que vio Morales fue una biografía de Pelé en los años 70. La noticia no especificaba la segunda, pero la tercera fue “Avatar”. Y me juego el cuello que no ha visto “Bailando con lobos”, ni “Pocahontas”, ni todas esas obras anteriores el argumento de las cuales comparan con el de “Avatar”. Me lo imagino en esa sala equipada para la proyección en 3D (quizá no la haya visto así pero me da igual. Yo me imagino las cosas como quiero) flipando pepinos con el salto gigantesco de la tecnología y su novedoso argumento, con el corazón en un puño, las gafas puestas, sin aliento, los ojos anegados de lágrimas ante tamaño espectáculo. Y así he pasado el resto de la semana, envidiando profundamente a Evo Morales.