¿Llegando al límite?

El planeta tiene límites. Y no sólo físicos, sino biológicos. Numerosos geógrafos y exploradores han recorrido el planeta en busca de datos, recursos naturales, información sobre la forma de los continentes, la distribución de las especies, los modos de vida de la especie humana… Como resultado de estos siglos de aventuras y esfuerzos apasionantes se ha documentado bien la geografía de nuestro planeta y hoy en día con ayuda de los satélites podemos saber con precisión donde estamos en cada momento gracias a navegadores minúsculos que se compran por menos de cien euros en multitud de establecimientos. Pero ¿qué sabemos de los límites biológicos? No sabemos aun cuantas especies hay en el planeta, y nuestro entendimiento  del funcionamiento de los ecosistemas es fragmentario. Sabemos, eso si,  cuanto pescado sacamos al mar cada año, y las toneladas de maíz o de madera que obtenemos gracias a la conversión de la energía solar en energía química que hacen el maíz y los árboles. Y sabemos que cada vez hay menos peces en nuestros mares y que la producción de maíz y de madera está estancada y no crece, ni mucho menos, al ritmo de nuestra demanda. Sabemos que liberar en pocas décadas todo el carbono fósil que le llevó millones de años al planeta fijar y almacenar entre las rocas incrementa el CO2  en la atmósfera y que este incremento eleva su temperatura. No sabemos sin embargo cuantas cosas siguen una dinámica no lineal con umbrales bruscos que puedan provocar un cambio en el comportamiento del sistema una vez traspasados; por ejemplo, ignoramos por debajo de qué número de especies un ecosistema determinado colapsa o por encima de qué temperatura la productividad de un ecosistema lejos de aumentar comienza a disminuir.  Pero al igual que con el teorema de la esfera peluda, no necesitamos saberlo todo para saber algunas cosas importantes que están pasando y que pasarán. 

      En un estudio importante Johan Röckstrom y colaboradores exploran nueve límites que tiene el Planeta y en qué grado podríamos estar alcanzándolos. Es un estudio difícil, en el borde del conocimiento, y por ello polémico. Pero muy necesario. Y nos muestra que de los nueve limites planetarios estudiados, hemos sobrepasado tres (cambio climático, pérdida de biodiversidad y alteración del ciclo del nitrógeno)  y estamos muy cerca de sobrepasar los demás. El artículo mereció la atención de la revista  Nature, así como de numerosas páginas de internet que se han hecho eco del trabajo (ver en español este buen resumen) y representa un esfuerzo serio de síntesis global del estado del Planeta.  Nos muestra además la necesaria reflexión sobre la existencia de límites abruptos, como en el caso del clima, donde un cambio de un grado de temperatura media a partir de determinados valores puede generar grandes cambios en cascada, frente a cambios más graduales como en el caso de los efectos de la contaminación química.

      Sabiendo que no sólo en lo físico sino también en lo biológico hay un tope para nuestro planeta, y teniendo incluso datos cuantitativos sobre donde puede estar este tope, la tesitura ahora es si ignoramos todo esto y nos lanzamos al “topetazo” o si lo evitamos. La cuestión tiene muchos matices…y una fuerte dimensión moral y ética: el topetazo lo notaremos todos, pero quienes lo acusarán mas fuerte son todos esos millones de personas que no tienen lo mínimo para poder abrir una página web y leer blogs como este.