Medusas, urticante mensaje de cambio global

Un mensaje incómodo nos llega desde el mar en forma de proliferaciones de medusas. El mensaje no es solo incómodo por el hecho de que  las medusas pican. Es incómodo porque los cambios en las poblaciones de medusas revelan que estamos cambiando el ecosistema marino con  consecuencias tan globales como indeseables.

    Ayer tuvo lugar un debate sobre el papel global de las medusas y su aumento en el océano en la sede madrileña de la Fundación BBVA. El debate estuvo guiado por Carlos Duarte, profesor de investigación del CSIC, y participaron  investigadores de Australia, Estados Unidos, Japón y Reino Unido. Nos recordaron numerosos aspectos fascinantes de la biología de las medusas pero sobre todo nos mostraron una inquietante realidad. En puntos tan distantes como el mar de Japón, el mar de Bering o la bahía de Chesapeake las proliferaciones de medusas están aumentando. Estos investigadores forman parte de una red mundial de seguimiento de medusas y son auténticos caballeros JEDI,  no sólo por su voluntad de conocer y mitigar un fenómeno perjudicial para el ser humano sino también porque las siglas JEDI corresponden a una iniciativa mundial de base de datos de medusas (en inglés Jellyfish Database Initiative). Aunque aún no están resueltas muchas incógnitas científicas, las series temporales en muchos casos son todavía cortas  y existen grandes diferencias locales entre los mares del mundo, hay evidencias claras de que las medusas están respondiendo a cambios profundos en los ecosistemas marinos.

    Las proliferaciones de medusas gigantes (Nemopilema nomurai) en el mar de Japón, que generan pérdidas multimillonarias en el sector pesquero del país, han pasado de tener lugar tres veces en un siglo (años 1920, 1958 y 1995) a tener lugar seis veces en los últimos diez años. Los científicos señalan a una combinación de factores para explicar este incremento: calentamiento global, sobrepesca, eutrofización de las aguas con fósforo y nitrógeno, y realización de construcciones costeras que sirven de asiento a las fases juveniles (pólipos). Algo parecido ocurre mucho mas cerca, en el Mar Menor, en Murcia. Aguas más cálidas, con menos peces (ya casi no quedan) y por tanto menos depredación de medusas juveniles. Aguas más ricas en nutrientes provenientes del excedente de abono de los campos agrícolas, que favorecen las algas de las que se alimentan las medusas y con las que establecen relaciones de simbiosis. Todo ello sumado a la existencia de muchas superficies nuevas como puertos deportivos e instalaciones de acuicultura, da lugar a mayores y mas frecuentes enjambres de medusas.   Esto ha derivado en el denominado efecto “caballo de Troya” para las plagas de medusas: una alteración global del medio marino que resulta en proliferaciones anómalas de estos animales, unas actuaciones que benefician a nuestro “adversario”. A los factores ya mencionados que favorecen a las medusas hay que sumar el incremento de zonas marinas oscuras (aguas turbias en zonas portuarias y cercanas a poblaciones, ríos contaminados etc.) y bajas en oxígeno disuelto. La oscuridad favorece a los pólipos de las medusas que son, además, mucho más resistentes a concentraciones bajas de oxígeno que la mayoría de sus depredadores naturales como las babosas de mar o nudibranquios. Toda una combinación de factores ambientales que cambian a la vez como resultado de las actividades humanas y que benefician a unos organismos como las medusas, capaces de multiplicarse muy rápidamente y con fuertes impactos en el sector pesquero, en el turismo y en la producción de energía en zonas costeras.

    A este urticante mensaje que nos traen los enjambres de medusas podemos poner algún remedio. En este caso, podemos no sólo pensar en atenuar nuestro impacto en el medio ambiente marino y en el clima global, sino también reajustar nuestra dieta. Si en lugar de comer superpredadores como el atún y descabezar la red trófica marina comiéndonos a los equivalentes oceánicos de lobos, tigres y jaguares, nos comiéramos medusas, equivalentes a algo intermedio entre las verduras (muchas medusas tienen algas simbiontes en su interior) y las vacas, lograríamos dos objetivos: dar valor económico a algo que ahora apenas lo tiene en unos pocos países y contribuiríamos directamente a frenar la proliferación de medusas. Vayamos pensando el menú de estas navidades.