Ciencia para el cambio

En estos días se está celebrando en Ávila un congreso internacional de ecología. El millar de ecólogos de más de cincuenta países intentan responder desde la ciencia al rápido cambio ambiental.  Treinta y seis sesiones paralelas y más de quinientos paneles resumen las principales investigaciones ecológicas de la actualidad. Pero los científicos no nos conformamos con resumir nuestros hallazgos. En un mundo bajo presión, los científicos que trabajamos en temas ambientales buscamos fórmulas para anticipar, atenuar y gestionar el cambio global que afecta al Planeta. En su conferencia plenaria de ayer, Jordi Bascompte, ilustre científico del CSIC,  nos mostró las más sofisticadas herramientas para entender la arquitectura de la vida y se planteaba, o mejor dicho, nos planteaba a todos, cómo poder usarlas para simular las respuestas de las comunidades animales y vegetales al cambio climático, los impactos de la extinción de especies y la introducción de exóticas invasoras.

            Stuart Chapin, profesor de la Universidad Alaska Fairbanks,  ha ido más lejos en su conferencia plenaria. Chapin nos ha recordado los cambios que sufre el planeta y se ha centrado en cambios regionales importantes que tienen repercusiones globales, con ejemplos de Alaska, donde reside e investiga.  Nos ha contado como al fundirse los hielos árticos, las morsas tiene problemas porque cada vez los hielos flotantes quedan en zonas de mar más profundo; como las morsas se alimentan en el fondo marino han tenido que trasladarse a las zonas costeras porque el fondo marino les queda demasiado abajo en los hielos que aun no se han fundido. Este cambio de instalar las colonias en las costas en lugar de sobre los hielos flotantes está teniendo grandes impactos no solo en las morsas sino en toda la red trófica terrestre y marina.

        Para aquellos que no se hacen una idea de que significa una subida de ”apenas”  dos o tres grados en la temperatura media del planeta, Chapin nos mostró que eso se traduce en que a finales de este siglo los años más fríos serán los que ahora son los más cálidos. Es decir, el caluroso 2003, que redujo la productividad del planeta como nunca hasta entonces y que acabó con la vida de más de 20.000 europeos, sería,  por ejemplo, uno de los años más fríos a finales del siglo XXI. También nos contó como la intensidad de los incendios está cambiando, particularmente en las zonas subpolares del hemisferio norte. Ahora se queman capas más profundas del suelo y ello acarrea que las comunidades vegetales que se establecen tras el incendio son muy diferentes. Estos incendios afectan también a la fauna mayor, con implicaciones no solo ecológicas sino también en las comunidades humanas de la zona. Por ejemplo los cazadores tienen problemas para poder circular y cazar en las zonas quemadas, y constatan que aunque los alces regresan des pues de varios años a las zonas quemadas, los ciervos no.

        Pero el desafío que nos planteo Chapin no fue sólo con cuestiones científicas. De hecho el principal desafío nos lo planteó a partir del concepto de “environmental stewardship”, un término de difícil traducción al castellano que viene a indicar la gestión responsable y sostenible de los  ecosistemas. Chapin enfatizó una vez más la necesidad de comunicar la ciencia a la sociedad y a los políticos y gestores, pero esta comunicación debe ser bilateral, el flujo de información debe ir en ambos sentidos. El cambio ambiental trasciende a la ecología y los científicos deben ser no solo escuchados  sino que deben escuchar lo que las sociedades necesitan, entienden y valoran. La idea es impulsar a los jóvenes a liderar este cambio con bases científicas ya que ellos tienen la motivación y la pasión para cambiar la sociedad, y porque ellos heredan el planeta que vamos dejando las generaciones anteriores. Identificar vías para la comunicación con iniciativas y agrupaciones locales. Y, por supuesto, no esperar a que la ciencia esté lista, a que lo sepamos todo, para empezar a actuar.

      Una vez más, el mensaje de Chapin incide en la rapidez del cambio y en la necesidad de actuar cuanto antes.  Sin embargo, Chapin nos instó a cambiar el enfoque: hablemos de soluciones y no de problemas. En clara sintonía con lo que hemos ido escribiendo en este blog, si los científicos nos centramos en documentar la crisis ambiental y cuantificar los problemas, la sociedad se desconecta del discurso. Por el contrario, el plantear desafíos a resolver entre todos va sacando lo mejor de cada uno, desde la creatividad o la capacidad de innovación hasta la coordinación de iniciativas y la ayuda en la transferencia de ideas e información.