El planeta olvidado

Existen millones de planetas desconocidos en el Universo, pero sólo uno ha sido olvidado. El planeta azul, el planeta mutante, el tercero en el Sistema Solar, el más denso, el único que parece albergar vida, ha caído en el olvido. A pesar del aprecio de muchas culturas por la madre Tierra y el respeto que le profesamos la mayoría de los humanos a título individual, no lo tenemos presente cuando llegan los momentos clave. Las prioridades son otras y las discrepancias entre regiones y países se vuelven insalvables cuando la crisis del actual sistema económico arrecia.

     La conferencia de Durban (COP 17, Sudáfrica) sobre cambio climático reunió a mas de 10.000 profesionales y expertos, incluyendo diplomáticos, ministros, científicos, técnicos administrativos, abogados y miembros de ONGs, de un total de 194 países. Todos llegaron bien informados de las consecuencias de un clima globalmente diferente, consecuencias que ya se están experimentando y que algunos países y regiones menos favorecidas sufren de manera muy especial. Hace no mucho, el primer ministro británico David Cameron proclamaba que debíamos apoyar una nueva revolución verde y rescatar el problema del cambio climático de las manos de los pesimistas; y para dar un toque aun más heroico a sus palabras, las dijo atravesando un glaciar con un grupo de hermosos perros de trineo.  Sin embargo, las negociaciones se llenaron de pequeñas preocupaciones por lo cotidiano, olvidando el marco global que había juntado allí a todos esos miles de personas.

     En 1997 el protocolo de Kioto implicó que los países desarrollados disminuyeran en un 5% las emisiones globales para 2012 en comparación con los niveles de 1990. Tras todos estos años, el plazo se acaba; de hecho termina en dos semanas. Lejos de disminuir, las emisiones han subido mas de un 6%. Nos encontramos ante unos niveles de gases de efecto invernadero muy superiores al peor de los escenarios que barajaban los expertos del clima hace cuatro años cuando se plantearon posibles escenarios climáticos para este siglo en el último informe del panel IPCC. En 2001 el presidente de Estados Unidos George W. Bush rechazó ratificar Kioto argumentando que no había limitaciones para las emisiones de países emergentes como China o India, lo cual era cierto. Pero este argumento reveló la miopía de los dirigentes en cuestiones ambientales, que como niños pequeños no hacen algo si el otro no lo hace también… ¿miopía o intereses distintos? Quizá Bush, como ahora los políticos que influyeron en el desarrollo de la reunión de Durban, tuviera en mente otras cuestiones y había olvidado el planeta en el que vive.

     Haciendo inventario y procurando no ser muy pesimista, la conferencia de Durban ha permitido avances en la definición de los niveles de referencia de las emisiones y en cómo medir las reducciones de emisiones, particularmente aquellas derivadas de iniciativas verdes como las forestales. La conferencia ha resultado en unas débiles salvaguardias sociales y ambientales del programa pero no ha dado lugar a ningún acuerdo o progreso en aspectos de financiación a largo plazo del programa ni en compromisos concretos a corto plazo sobre las emisiones.  Si no se es capaz de recordar las amenazas que existen sobre el planeta en el que vivimos y lo único que recordamos es la factura del gas o del seguro del coche, entonces ¿ por qué nos gastamos millones de euros en megareuniones como las COPs, que, además, generan importantes emisiones adicionales de CO2 relacionadas con el transporte de todos eso miles de personas hasta la sede? Si lo que se trata es de recortar gastos podemos empezar a recortar en el paripé medioambiental.  Quiero pensar que todo ese gasto de tiempo y dinero genera al menos cierta conciencia general de que el cambio climático es algo importante. Pero no puedo evitar pensar que para ese viaje no hacían falta estas alforjas.