Opinion · Punto y seguido

Egipto en el destino de Obama

Mientras el presidente de EEUU recibía apoyo de Irán, Siria y Turquía para su decisión en diseñar un Egipto sin Mubarak, otros como China, Rusia e Israel siguieron defendiendo al Rais del Cairo y abogaron por su permanencia en el poder.

Pekín y Moscú ven las protestas del mundo árabe –al igual que las del Irán del 2009- como las revoluciones de colores sucedidas en el espacio ex–soviético: un montaje de Washington para reconfigurar el Oriente Medio. Tel Aviv y la comunidad judía estadounidense, por su parte, le acusan de traición a los aliados y de poner en peligro la seguridad de Israel.

La gestión de esta crisis supone para el Presidente una vital prueba de cara a las elecciones presidenciales del 2012. Su derrota en los comicios del noviembre pasado, por incumplir sus promesas electorales, parecía haberle alejado tanto de una posible reelección, que Sara Palin le sugirió que utilizara una guerra, contra Irán por ejemplo, como recurso para exportar la crisis interna.

Egipto sería un mejor escenario que Irán, si no fuera porque es Israel quien allí ostenta la iniciativa: un mubaraquismo militar sin el Faraón.

A su vez, los del Tea Party le denuncian por prestar demasiada atención a los asuntos externos, olvidando las calamidades de su propio pueblo.

¿Qué los rivales de Obama pueden hacerle la cama a los pies de las Pirámides? Lo hicieron a otro demócrata, Jimmy Carter, en la víspera de las elecciones de 1981, cuando el equipo electoral de Ronald Reagan pidió a la República Islámica que no liberara a los funcionarios de su propia embajada, ocupada en Teherán, hasta después de las elecciones, para desprestigiar al presidente. A cambio, él levantaría las sanciones económicas impuestas por Carter y permitiría a Israel enviarle armas para su guerra contra Irak. El 21 de enero, mientras aquel actor de cine se convertía en jefe de Estado, los rehenes fueron liberados. Carter entró en la historia como el presidente del gran imperio humillado por un país pequeño.

Obama ya ha perdido la política doméstica, por lo que jugará sus cartas en el escenario externo. Recordar la enigmática frase de Kissinger sobre Egipto: «es sólo el primer acto de un drama que debe ser actuado».