Opinion · Punto y seguido

El enigmático silencio de Irán

Hierve Oriente Medio, mientras Irán, aparenta calma. Las exigencias populares de democracia económica y política, que promovieron la revolución del 1979, así como al Movimiento Verde del 2009 contra la dictadura religiosa, siguen vigentes. Pero, varios factores han obligado a los iraníes a medir bien los pasos que van a dar: caer de mal en peor con el fracaso de la Revolución contra El Sha y la toma del poder por un totalitarismo religioso, la tragedia que supuso la larga guerra con Irak, y el apoyo encubierto de las potencias mundiales a un régimen que aplica el terrorismo de Estado. Ante la incertidumbre del futuro, prefieren intentar una reforma del sistema que derrocarlo. Por ello, respaldaron al presidente Jatami (1997-2005) y su estéril “democracia religiosa”, y en 2009 exigieron la repetición, por fraudulentas, de las elecciones presidenciales. Pero, la junta militar-clerical que gobierna, cerró las salidas pacíficas a la crisis, aplastando con dureza las protestas, consideradas entonces por Washington de “asuntos internos».

Hoy, la situación ha cambiado. En el discurso de Barak Obama por el Año Nuevo iraní, el presidente, al contrario que los años anteriores, no se dirigió al régimen, sino al pueblo: alabó su lucha por la libertad, y tocando su fibra sensible, llegó a recitar un poema persa. Luego, ante la recriminación que los manifestantes le hicieron en 2009, jugando con su nombre “obama, obama, ya bauna ya bama» (Obama, o estás con ellos o con nosotros), dijo: “quiero que sepáis que estoy con vosotros».

La situación se complica. Netanyahu pide la “solución libia” contra Irán, recurriendo a la resolución 1973 de la ONU que autoriza a las potencias a usar «todas las acciones» para proteger a los civiles libios, mientras Siria, el único lugar donde los ayatolas podían exiliarse, se tambalea.

La simple amenaza de una agresión militar podrá ser aprovechada por el gobierno para ejecutar a miles de opositores, acusándoles de “agentes del enemigo”. Ya lo hizo durante la invasión iraquí en los ochenta.

Dejen que los acontecimientos internos sigan su ritmo natural.