Punto y seguido

Y la montaña parió una ratita


Ninguna novedad en lo que iba a ser un discurso histórico de Barak Obama sobre la disputa palestino-israelí. Sí lanzó, en cambio, calculadas contradicciones en sus palabras, mientras advertía a su aliado israelí que si no quiere ser aislado, le conviene asimilar el nuevo rostro de Oriente Medio, en vez de obsesionarse con Irán.
En este marco, recomendó a un desafiante Netanyahu negociar con los palestinos el trueque de paz y seguridad por territorios, sobre la base de las fronteras anteriores a la guerra del 1967, antes de que le sorprenda otra intifada. Le preocupan el declive de EEUU en la zona  y el creciente odio hacia sus políticas (lo cual dificulta su hegemonía), la reconciliación entre Al Fatah y Hamas, y el aumento imparable de la población palestina. El mundo no aceptaría que una minoría religiosa judía mantenga en el estado de apartheid a una mayoría árabe musulmana.

El objetivo de Obama es evitar que la Autoridad Palestina lleve a cabo su "amenaza" de solicitar unilateralmente el reconocimiento de un Estado soberano ante la ONU, en septiembre. Quizás por ello, y en un claro doble juego, exige a Al Fatah que rompa sus relaciones con Hamas, incitando así otra guerra fratricida, con  el viejo truco de "divide y gobierna".
El Jefe de la Casa Blanca al hacer pública su discrepancia con el líder israelí, utilizando la tragedia palestina, pretendía por un lado mantener la falsa ilusión entre los árabes escépticos, y por otro  seguir desligando su política exterior de la agenda de la extrema derecha judía. Sus prioridades son otras: cómo contener las rebeliones árabes, de qué manera domesticar a Pakistán y qué hacer con Irán, sin llegar a una guerra, que es lo que pide Tel Aviv.
Este es un presidente sin complejos: al ver frustrados sus intentos de influir sobre el gobierno hebreo, prometió ante un poderoso lobby pro israelí estadounidense, que suele financiar la campaña electoral demócrata, aparcar  su promesa de respaldar la solución de dos Estados.

El futuro nuevo Estado árabe ya cuenta con el apoyo de un centenar de países, incluidos China y Rusia. Israel también se fundó con este mismo mecanismo que proporciona la ONU.

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