Punto y seguido

Sátira y sionismo en 12 reflexiones

La comunidad judía de España ha denunciado a la revista satírica de El Jueves por divulgar "insultos a la religión, a los fieles y a los textos judíos" y por sus "componentes antisemitas". Ninguna de estas protestas van acompañadas de argumentos que desmonten la veracidad del relato. El rotativo ha dibujado en su último número el Apartheid ejercido por el Estado israelí contra los palestinos.

Al respecto, se me ocurren varias observaciones:

1. Es desalentador que esta comunidad critique la forma de dibujar la 'nariz étnica' de los judíos y, sin embargo, no levante ni una pancarta de "No matarás" en las manifestaciones que defienden a las criaturas palestinas de dios, asesinadas en nombre del judaísmo.

2. 'Semita' no es un término que designe un orden racial: fue utilizado por los lingüistas europeos para catalogar algunas lenguas del Medio Oriente como el arameo, hablado por los hebreos; o el árabe y el fenicio, entre otros. Fueron los grupos antijudíos europeos quienes se autodenominaron 'antisemitas'. ¡Es increíble la capacidad generatriz de la palabra, que crea mundos, lealtades y enemigos!

3. La denuncia está respaldada por las leyes europeas que persiguen el antisemitismo, aunque en realidad lo que hace es coaccionar a los críticos del Estado israelí.

4. A pesar de que los comunistas hayan sido el grupo ideológico más perseguido del siglo pasado (por todos los totalitarismos seculares y religiosos, y por las masacres que se han cometido en Vietnam, Indonesia, etc), o la comunidad étnica (formada por decenas de millones de árabes de Palestina, Irak, Yemen, Siria, Libia, entre otros), también catalogada 'semita', haya sido la más destruida por el sionismo, el imperialismo y las dictaduras propias; no hay ninguna ley que persiga a quienes difunden el odio hacia ellos.

5. ¿Bajo qué concepto, como apunta la revista, ser víctima de la Alemania nazi da derecho moral o legal a un grupo armado hasta los dientes a exterminar a los palestinos?

6. Palestina no es la patria de los judíos polacos o etíopes, del mismo modo que Arabia Saudí, donde nació el Islam, no es la patria de los musulmanes indonesios, bosnios, kurdos, chechenos o chinos.

7. 'Al Nakba', la demolición planeada y sistemática de los palestinos, es genocidio al igual que fue el Holocausto judío.

8. Ser antisionista no significa ser antisemita, como ser antiimperialista no es odiar a los franceses o a los estadounidenses. Existen decenas de organizaciones judías antisionistas progresistas de ¡No en mi nombre!, que niegan que el fundamentalismo de la ultraderecha judaica sea su representante. Entre ellos Judíos contra el Genocidio (de palestinos) o el grupo Neturei Karta. Cientos de sobrevivientes del Holocausto han condenado el 'Pogromo' palestino por el Estado semiteocrático de Israel.

9. En Europa decrece el antisemitismo al tiempo que aumentan las críticas hacia Israel. La canciller de Suecia, Margot Wallström, ha pedido una investigación sobre las posibles ejecuciones extrajudiciales de miles de palestinos por el Estado 'democrático' israelí, el mismo que apoya a Al Qaeda en Siria.

10. La cúpula de las religiones abrahámicas bajo el nombre de la comunidad ocultan la estructura clasista de sus credos y por ende, sus propios intereses de élite. El sionismo crea confusión entre el 'judío étnico' y el 'judío religioso'. Carlos Marx, el célebre judío étnico que colocó su sentido común por encima de su pertenencia a la 'raza elegida', denunció el totalitarismo religioso, el racismo biológico y su desprecio por el arte y la historia. Marx analizó el negocio de la religión y de cómo la 'guerra de razas' cosifica y elimina hasta la espiritualidad de las personas y eclipsa la 'guerra de clases'. Una fe que esclaviza la razón, erosiona la empatía y banaliza el terror posibilita la opresión, tortura, secuestro, violación y aniquilación del fiel hacia otras personas.

11. El respeto de los gobiernos por la libertad religiosa debe de recuperar su significado original: proteger el derecho a la integridad de la persona creyente y no someterse a las exigencias de los autoproclamados líderes de estas comunidades; ni aplicar los mandatos de sus divinidades a los ciudadanos que, estupefactos, ven cómo la superstición y los seres ficticios regresan del pasado para determinar su destino.

12. La ofensa a una religión y a sus creyentes debería de ser el participar, activa o pasivamente, en la opresión de otros seres humanos (en el asesinato a diario y a sangre fría de los palestinos, por ejemplo) y no escuchar o leer cuatro verdades como templos. La memoria de las víctimas del Holocausto no debería de ser utilizada por quienes justifican la muerte —de mil y una maneras— de casi dos millones de personas retenidas en el campo de concentración de Gaza y sus desgarrados barrios.