Opinion · Punto y seguido

Kurdistán, ¿el Estado número 195 de la ONU?

El protagonismo de los combatientes kurdos, mujeres y hombres, en la lucha contra el terrorismo ha llenado de ilusión de quienes, desde la derecha e izquierda, ya ven la posibilidad de la creación de un Kurdistán independiente en el territorio de las regiones kurdas de Irak y de Siria: dan por hecho la desintegración de dichos países, además se felicitan por ello. ¿Se espera que un Estado kurdo sea el premio para los que se han convertido en la carne de cañón de las potencias que no han querido poner sus botas sobre suelo sirio?

Salvo los kurdos y los baluches, el resto de los grandes grupos etnolingüísticos de Oriente Próximo cuentan con un Estado propio. Sin embargo, el nacimiento de un nuevo país no depende de la voluntad de sus habitantes, sino de que los demás Estados lo reconozcan como tal.

La llamada “Desgracia estratégica de los kurdos”, que empezó en 1514 con la guerra de Chaldaran (una provincia iraní),  durante la cual Irán perdió las regiones kurdas actuales de Irak, Turquía y Siria ante los otomanos, continuó con la partición del imperio turco por los británicos y franceses en 1918. Una tercera guerra, la de la Independencia Turca liderada por Kemal Ataturk, plasmó la división actual de aquellos territorios en el Tratado de Lausana (1923), negándoles a los kurdos un Estado, sin poder arrebatarles el sueño de conseguirlo algún día.

Los obstáculos a la independencia kurda

La negativa de la Administración Obama. Obviamente, sin la aprobación de la superpotencia ningún pueblo, por numeroso y oprimido que sea, no podrá convertirse en un Estado. Justamente, la llamada Región Autónoma Kurda de Irak (RAKI) fue creada en la zona de habla kurda (y sin petróleo) por EEUU durante su agresión militar de 1991: un mini país kurdo, sin soberanía nacional y sometido a la tutela de Washington. En noviembre pasado, y una vez que los kurdos iraquíes liberaron la ciudad petrolífera de Kirkuk de la ocupación del Estado islámico, el presidente de RAKI, Masud Barezani, solicitó a EEUU la autorización para una declaración de independencia de la región. Obama se negó. Hizo lo mismo ante la petición de los kurdos sirios. Los motivos del presidente de EEUU han sido varios:

– Sus altos costos políticos son mayores que sus beneficios.

– Destruiría sus relaciones con Turquía, que amenaza con desmantelar la base militar de Incirlik si no incluye a los partidos kurdos de la izquierda siria en la lista de grupos terroristas.

– Los imperativos electorales del próximo noviembre en EEUU exigen a Obama que no abra otro foco de tensión en la víspera de las elecciones presidenciales.

– Una ruptura brusca con Bagdad agravaría la crisis actual en la zona, y la RAKI podría perder incluso su actual estatus.

– EEUU no podría garantizar la seguridad de un nuevo Estado satélite en un entorno altamente hostil. Si Turquía ataca al hipotético Estado Kurdistán, ¿en qué lado se colocaría Washington? Pues, un astuto Tayyb Erdogan, que mientras bailaba con el Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK) en 2013, estaba cambiando la vieja política de turquización de los kurdos por una eficaz islamización, y así alejarles del nacionalismo kurdo y sobre todo de las fuerzas de izquierda. La dictadura capitalista-religiosa de Erdogan, que bombardea sin pestañar a los “musulmanes” sirios, no es anti-kurda: disfruta de grandes negocios establecidos con el régimen feudal de la RAKI, de una base militar, de los 600.000 barriles de petróleo por día que recibe y ahora también del estratégico Gaseoducto Sirnak en construcción que unirá la autonomía kurda con Turquía. Uno de los motivos de la segunda crisis de refugiados sirios provocada por Turquía ha sido impedir que los kurdos sirios de izquierda crearan su autonomía. En su lugar, habrá una zona de exclusión aérea donde asentar a los refugiados sirios de guerra expulsados ilegalmente de Europa.

– Irak, al igual que cualquier otro Estado, se resistirá a perder territorio. Ser la cuarta reserva mundial del petróleo, y su alianza con Irán, darán bazas a Bagdad para persuadir a Occidente, Arabia Saudí e Israel de la tentación de desmembrarlo. Fue justamente el descubrimiento de petróleo cerca de Kirkuk el causante del incumplimiento de la promesa de los colonialistas europeos de crear un Estado kurdo. En 1905, Winston Churchill, entonces Primer Lord del Almirantazgo, cambiaba el carbón, el combustible utilizado por Real Marina Británica, por el petróleo. Al mismo tiempo, Northern Oil y una tenebrosa British-Persian Oil Company (el futuro BP) empezaban a saquear los inmensos campos petrolíferos de la zona. Kikkuk, la urbe con 5.000 años de antigüedad, alberga el 40% del petróleo iraquí.

– Irán tampoco aceptaría un Estado kurdo, aunque no incluya a los suyos propios. Pues, tratará de consolidar su alianza política con Bagdad, ahora que Siria está perdida.

– Un Estado para Kurdistán sólo cuenta con el apoyo de Benjamín Netanyahu, y no solidaridad con un pueblo perseguido y disperso por el mundo. Los kurdos de a pie, que por desconocimiento confunden la tragedia del pueblo judío con el sionismo ocupante, deben saber cómo Israel ha utilizado a los kurdos para proteger sus fronteras, en la aplicación de la “doctrina de la periferia” de David Ben-Gurion.

Los problemas interkurdos

– El Estado Kurdistán,  que se basaría en una sociedad tribal y no en una nación, tiene grandes opositores también en el seno de su pueblo. Lo que les divide es mayor que lo que les une. A las diferencias lingüísticas, culturales, políticas y religiosas (una mayoría suní, con millones de chiíes, importantes grupos fundamentalistas de ambas corrientes, cristianos, izadies y judíos) se añade un factor determinante: la separación entre ricos y pobres. En la RAKI, por ejemplo, Nechervan Barzani, sobrino del presidente de la autonomía, es primer ministro y dirige el principal canal de televisión kurda. Sirwan Barzani, otro sobrino, controla el negocio de la telefonía móvil. Mientras, en la calle, los miles de trabajadores que protestan por no percibir sus salarios desde hace meses, se preguntan: “¿Dónde se ha ido el dinero de los millones de barriles de petróleo vendido?

– Los líderes de la RAKI ya confiesan que la independencia es inviable. Abdulá Ojalan ha renunciado a la idea. Los kurdos de Siria que no tienen su Kurdistán y están esparcidos por territorios desconectados, desde la plataforma de una quincena de partidos (que lejos de reflejar una admirable pluralidad muestra su fragmentación), no quieren independencia, sino una “Confederación del Norte de Siria” que incluya a las minoráis étnico-religiosas de Siria.

– Las profundas discrepancias entre los líderes tribales kurdos, incluso los del mismo país, pueden provocar otra guerra civil: durante 1994, la pelea entre la unión Patriótica y el Partido Democrático de Kurdistán iraquíes dejó miles de muertos.

Está por ver cómo sería el paso de dejar de ser sometidos por turcos, árabes y persas, para convertirse en rehenes y peones de EEUU o Francia. O cambiar el dominio de las oligarquías foráneas actuales por una kurda. Los kurdos nunca han sido tan fuertes como hoy y un paso insensato puede echar a perder sus logros. Quizás el camino sea el federalismo.