Opinion · Punto y seguido

11 notas sobre el extraño atentado de Orlando

Si le hubieran hecho caso a Donald Trump, expulsando a los musulmanes de EEUU, el atentado de Orlando no hubiera sucedido. El terrorismo doméstico entra de lleno en la campaña electoral para dar un vuelco a los sondeos: hace ocho meses, esta cuestión ocupaba el noveno lugar entre las preocupaciones de los ciudadanos, ahora se sitúa por encima de las desigualdades económicas y sociales, actuando así de cortina de humo. De esta forma, la matanza de 50 estadounidenses por su compatriota Omar Mateen, sugiere las siguientes reflexiones:

.Si el autor de la matanza hubiera sido un hombre blanco y cristiano, ¿se trataría igualmente de un acto terrorista? Se catalogó como un “suceso de odio” cuando un joven blanco mató a nueve afroamericanos cristianos en la iglesia de Charleston en 2015, o de “suicidio de un trastornado mental” cuando Andreas Lubitz, el copiloto alemán se suicidó matando a 150 personas, o de “paranoia” cuando Bruce Ivins, el asesor del FBI, el verdadero autor de los ataques con ántrax en EEUU en 2001 (atribuido a Saddam Hussein), que acabó con la vida de a varios compatriotas y proclamaba “Muerte a EEUU y a Israel” y “Alá es grande” en sus cartas.

.Por cómo se ha manipulado el término terrorista, conviene distinguirlo de partisanos/guerrillero: el primero —que puede ser tanto un estado como individuos—, es el que asesina a los inocentes en un acto lleno de ira, mientras los segundos amenazan o eliminan sólo a los responsables de la opresión de las masas con el claro objetivo de obtener una salida política. Así operaban los fedayines de Hasan Sabbah, por ejemplo.

.A toda luz, el de Orlando parece un ataque de terrorismo interno, de la derecha conservadora, militarista, homófoba y machista, cometido por un oscurantista musulmán. Es sorprende que Omar Mateen, siendo de origen afgano y de un país que sigue siendo bombardeado por la OTAN, en su supuesta llamada a la policía hubiese exigido a EEUU dejar de atacar Irak y Siria, sin mencionar su país.

.Según Gun Violence Archive, en lo que va de año ha habido unos 1.330 ataques con armas con 207 muertos; hace tres años la cifra era de 33.640 seres humanos asesinados en los tiroteos: 92 por día ¡Como en una guerra! En éste país, los asaltos a grupos de personas sólo compone el 1.5% de la violencia armada. Dice el New York Times que “Desde el 11S de 2001, el número de personas asesinadas por los extremistas no musulmanes ha sido casi el doble que las víctimas del los musulmanes radicales”. Por lo que los candidatos Trump y Clinton exageran la amenaza de los fanáticos musulmanes.

.Existe un inquietante denominador común en los atentados perpetrados en EEUU y en Europa: que sus supuestos autores han sido viejos conocidos de la policía; en el caso Orlando, además, el padre de Omar, Seddique Mateen, es un colaborador de los servicios de seguridad de EEUU que había sido recibido por el Departamento de Estado y que además es aspirante a la Presidencia de Afganistán, país colonia de EEUU.

.Hillary Clinton, que sale perjudicada por el atentado, propone un estado aún más policial, haciendo un guiño a las empresas privadas de inteligencia: con el presupuesto de 70.000 millones de dólares para este cometido en 2017, recibirán más contratos. Esta cantidad, que se añade a los 50.000 millones ya invertidos en el Programa Nacional de Inteligencia, sólo aumentará el poderío del complejo industrial-militar. Dice Edward Snowden, que con la Ley Patriota y la de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) en manos, las agencias de inteligencia utilizan el Programa informático PRISM para acceder ilegalmente hasta al correo electrónico de los ciudadanos. El miedo es un negocio redondo: genera dinero y poder para unos cuantos, engendra el fenómeno de la ‘masa asustada’ a beneficio de los ineptos gobernantes, mueve fronteras, cambia regímenes molestos, y abre la Casa Blanca a alguien de la ‘familia’. Así funciona el chollo de la interminable de la guerra contra el terror.

Donald Trump, el Rambo de mano de hierro, que con sus declaraciones anti musulmanas pretende atraer el voto de los cristianos conservadores, sugiere lo siguiente:

La expulsión de los musulmanes de EEUU, que son 3,3 millones, con los afroamericanos como la principal comunidad, e impedir la entrada al país de los fieles de Alá. ¡Vale! ¡Pero que empiece por los reyes wahabitas saudíes!

«Bombardear al EI»: ¿Sabe Trump que los yihadistas fueron invitados a la Casa Blanca por Ronald Reagan? Además, Obama afirma que ha lanzado toneladas de bombas sobre los hombres armados de machetes y espadas, pero que ni los cerca de 600.000 soldados de la OTAN en Oriente Próximo han podido con ellos! Claro que si desaparece El Coco del terrorismo, se hundiría la economía de su país.

Ampliar o cambiar las leyes para legalizar “algo más que el ahogamiento simulado”. No hace falta, sr. Trump. Barak Obama prohibió sólo a la CIA torturar a sus prisioneros, y no a otras agencias, ni al temible Comando Conjunto de Operaciones Especiales. El presidente, que se ha negado a eliminar el Apéndice M del Manual del Campo del Ejército que autoriza a los militares usar la tortura física y psicológica contra los prisioneros, cuenta con una Kill list, y manda a matar a los ciudadanos de otras naciones, en sus propios territorios.

.Con su musulmanofobia, Trump discrimina a los estadounidenses por su clase social, género y raza, credo y origen étnico (¡lo mismo hacen los fundamentalistas islámicos y judíos!). El empresario de mamachichos, producto de la suma de Berlusconi+Yeltsin, pretende provocar enfrentamiento entre los trabajadores nativos y los extranjeros (convertidos en cabeza de turco) para debilitarles como clase. Él confunde deliberadamente los términos islam, musulmán e islamismo: Mientras la religión de Mahoma comparte sus principios con el judaísmo y cristianismo, el musulmán, que al nacer hereda la religión de su padre, no necesariamente es practicante, ni mucho menos fanático. Ahora bien, otra cosa es el islamismo: la doctrina de la derecha extrema y fanática de esta fe, la ideología del nacional catolicismo, la de los inquisidores cristianos, o de Tea Party.

.Ambos candidatos prometen lanzar nuevas «guerras justas o buenas» (el ius ad bellum), apoyándose en la seudoteoría del fundamentalista cristiano Michael Walzer que así bautiza la guerra contra los estados débiles, ignorando a Kant que advertía contra los peligros de dar respaldo moral a una agresión militar.

.Que el terror religioso sea un negocio redondo para las élites que gobiernan el mundo no exime de responsabilidad a los musulmanes progresistas para abrir un debate sincero sobre las justificaciones ideológicas de las desigualdades económicas, sociales y de género, el valor de la vida (la pena de muerte), los derechos de las minorías religiosas, étnicas y las personas LGBT, entre otras cuestiones.

.La respuesta de los pueblos del Estado español en 2004 ante el atentado que mató a 191 personas debería servir de ejemplo para los estadounidenses: se movieron hacia la izquierda, y exigieron una política basada en el No a la guerra.