Opinion · Punto y seguido

Idlib y la amenaza de una “guerra humanitaria preventiva”

¿Cómo medir la angustia, el sufrimiento y la desesperación? Los cuatro millones de habitantes de Idlib, la antigua Ebla, ciudad con 5.000 años de historia, que llevan siete años en guerra y desde 2014, además, sobreviven bajo el mini régimen islámico de los terroristas y rebeldes, se preparan para lo peor: el 15 de octubre es la fecha límite impuesta por Rusia y el Gobierno sirio a Turquía para que cumpla con el proceso de Paz de Astaná para esta provincia y desarme a los cerca de quince grupos armados reunidos bajo el paraguas del Frente Nacional para la Liberación de Siria. Si no, habrá una ofensiva militar para recuperar este enclave, a donde enviaron a los yihadistas evacuados de Alepo, Raqqa y otras ciudades liberadas. Son entre 60.000 y 100.000 mercenarios reclutados por Estados Unidos, Turquía, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos e Israel con la misión de destruir al tercer gran estado árabe, después de convertir en escombros Irak y Libia.

Obviamente, al ser exhibidos los crímenes de sus peones por la televisión, todos se desmarcan de monstruos como los al-qaedistas Jabhat Fateh al-Sham o Jabal al-Zawiya. La revista Foreign Policy en su número de este pasado septiembre confirmaba el derecho de Tel Aviv en reclamar la co-paternidad del terrorismo yihadista   y relataba que los integrantes de doce grupos rebeldes sirios recibían armas y 75 dólares al mes para destruir Siria, poniendo así en evidencia a Danny Danon, el embajador de Israel ante la ONU. Danon presentó  a Netanyahu como una ángel de la caridad, al afirmar que éste tuvo que tomar una difícil decisión de no intervenir en la guerra, “a pesar de ser el líder de una nación judía que no soporta ver atrocidades”. Danon no sólo falsea la verdad sino que así considera subhumanos a los palestinos a los que masacra todos los días desde hace décadas.

A pesar de que la prensa occidental y rusa llaman está ofensiva “la última batalla para que Damasco recupere Siria” no es así. ¡ Casi la mitad del país está bajo el control de Estados Unidos y sus aliados europeos, árabes y turcos, y piensan quedarse allí durante décadas!

Idlib es el símbolo de una guerra que ha convertido Siria en tierra quemada: de todos contra todos y éstos contra el pueblo. Los civiles son para unos escudos humanos y para otros “daños colaterales” de una causa suprema. El intento de agrupar a los actores de este loco escenario bélico en algo parecido a las “Potencias de Eje” y a los “Aliados”, lejos de facilitar la comprensión de su complejidad la imposibilita.

El 7 de septiembre, Erdogan y Putin se reunieron en Teherán con Rohani para buscar una solución al difícil desafío de Idlib, limar sus diferencias, evitar un baño de sangre que podría dar más motivos a Trump para incrementar las sanciones contra los tres países, e impedir que la ofensiva provocase atentados de venganza yihadista en sus suelos.

Las razones de la dejadez de Erdogan

-No quería luchar contra sus propias criaturas, en las que ha invertido tanto dinero y esfuerzo.

.-Temía bajas en el seno de su ejército, herido por las purgas que Erdogan que no para de realizar.

-Podría provocar la huida de millones de idlibíes a Turquía, a pesar de que ha cerrado sus fronteras, violando el acuerdo con la Unión Europea, en virtud del cual Turquía aceptó recibir a sirios refugiados a cambio de ayuda financiera.

.-Desestabilizaría, durante años, las ciudades fronterizas turcas.

.-Pretendía mantener el dominio sobre Idlib para exigir concesiones al Gobierno sirio sobre los kurdos y gasoductos. De hecho, aspira convertirse en un Hub, centro de energía, para el sureste de Europa, manteniendo en el caos a la Siria rival, como si no hubiesen otros aspirantes.

Al final Erdogan ha optado seguir sentado entre dos sillas: mantiene el compromiso con Rusia mientras coordina con Trump sus políticas para Idlib, región con la que ha soñado anexionar a su país: de hecho, el territorio de Hatay que hoy pertenece a Turquía era de Siria; fue Francia quien se lo regaló en 1939, después de que las tropas turcas lo ocuparan; luego emprendió una limpieza étnica obligando a 15.000 armenios a huir de su tierra natal. Hoy, Turquía tiene el respaldo de Estados Unidos: la prioridad de ambos es eliminar a Bashar al Asad (al igual que Arabia Saudí, Qatar y Emiratos), y para ello abrirá la base de Incirlik, no sólo al amigo estadounidense sino también a los socios de la OTAN. Turquía cuenta con 12 instalaciones militares en Idlib, y tiene tanques y tropas en Efrin.

EEUU se prepara para el asalto

Washington planea utilizar la “cuestión de Idlib” para recuperar las relaciones dañadas con Erdogan, reactivar el proceso político de Ginebra, apartar a Asad del poder, romper Siria, y mantener un foco del terrorismo en el país para justificar su continua intervención en la región. Para ello, Trump, que ya cuenta con cerca de 20 bases militares en Siria, puede lanzar en Idlib una “guerra humanitaria preventiva” bajo el pretexto de evitar “una catástrofe”. Para ello, La Casa Blanca ha designado a James Jeffrey como Representante Especial para el Compromiso con Siria, y a Joel Rayburn como Enviado Especial para Siria, ambos con fuertes lazos con Israel. “Nos centraremos en hacer la vida lo más miserable posible para ese cadáver del régimen”, amenazaba Jeffrey al presidente Asad si no cooperaba en la redacción de la nueva Constitución, que convertirá el sistema político sirio de presidencial en parlamentario, poniendo fin de la dinastía de Asad.

Salvo Israel, que ha atacado no menos de 200 veces a las fuerzas de Irán en Siria, el resto de los países involucrados han sido reacios a una pelea abierta, utilizando sus proxys.

Mientras todos buscan un gobierno débil y títere en Siria, las posibilidades de una solución política para poner fin a años de guerra, incluso ahora, son escasas, por no decir nulas, ante un ausente movimiento por la paz.