Opinion · Punto y seguido

Sublevación popular, hambre y caso en el estratégico Sudán

Decenas de manifestantes asesinados, cientos de heridos y miles de detenidos son el balance de semanas de protestas organizadas por los sindicatos de trabajadores en Sudan, que empezaron el 15 de diciembre y continúan hasta hoy. La sede del Partido Comunista ha sido asaltada y varios miembros del comité central secuestrados.

Los dictados del FMI, las políticas de reajustes estructurales, el saqueo de las riquezas del país por las compañías extranjeras y la burguesía corrupta nacional, además de las propias leyes del régimen capitalista-fundamentalista de Omar Al-Bashir, que discrimina a los ciudadanos por razón de género, etnia y religión, han conducido a Sudán a la crisis económico-política más graves de las últimas décadas. El precio de pan se ha triplicado en un año, y escasea harina, medicinas y combustible.

Los ciudadanos piden el fin del régimen de Al Bashir que lleva 29 años en el poder y pretende cambiar el artículo 57 de la Constitución para conseguir un mandato vitalicio y así evitar ser llevado ante la Corte Penal Internacional que le acusa de crímenes de guerra.

Una veintena de partidos y organizaciones, desde la derecha e izquierda (como los islamistas de Umma, el Partido del Congreso Sudanés, el Partido Comunista, o el Partido Socialista Baas) piden la salida dictador  y la formación de un gobierno de transición para evitar un baño de sangre.

Sudan, que fue el país más grande de África (además de mayoría árabe y musulmana) fue balcanizado por EEUU en 2011, mientras la OTAN destruía Libia, desmantelando la República Árabe Libia Popular Socialista: fueron dos de las medidas para prevenir el impacto de las “primaveras” de Egipto y Túnez  sobre sus posiciones en Oriente Próximo.

Aunque no hay duda de que diferentes países del mundo tienen grandes intereses en sabotear el actual orden político sudanés, el dictador (que echa la culpa a Israel o al Movimiento de Liberación Sudanés de Darfur, entre otros) es el principal responsable de gran parte de los problemas que sufren los ciudadanos día a día. Acusar a la oposición de “estar al servicio de los enemigos extranjeros” es un recurso mediocre al que recurren más de un dictador de la región para así desacreditar a los críticos y perseguirles.

Desde el 2017, la ONU y EEUU han empezado a levantar las sanciones a Sudán, acusado de cooperar con el terrorismo, aunque los aliados más cercanos de este país son, según Al Bashir siguen siendo Rusia, Arabia Saudí, Qatar y Turquía. En 2015, la compañía rusa Siberian for Mining encontró grandes depósitos de oro en Sudán y firmó el mayor acuerdo de inversión en la historia del país. El mandatario sudanés fue recibido por el presidente Putin en noviembre del 2017 para negociar la modernización del ejército sudanés ante la creciente tensión entre los países que comparten el río Nilo.  Turquía pretende aumentar su influencia en el Mar Rojo, construyendo una base militar en la isla sudanesa de Suakin ahora que su rival Arabia Saudí ha asaltado este mar, comprando dos islas a Egipto: que nadie descarte una nueva guerra en el Nilo.

Riad ha prometido ayuda económica a Jartum para alejarle de Ankara, mientras Erdogan se proclama líder del “mundo sunnita” destrozando a la Casa Saud con el caso Khashoggi. De hecho, la visita de Al-Bashir a Damasco el 16 de diciembre del 2018, que es la primera realizada por un líder árabe a Siria en siete años, es un intento de los saudíes en devolverle al presidente Bashar al Asad a la Liga árabe, ayudándole rechazar una invasión de Erdogan persiguiendo a los kurdos.

Sudan sur muere de hambre

Resultado de la partición de Sudan, Sudan Sur (que iba a llamarse República del Nilo) fue registrado como el estado número 193 de la ONU, mientras los palestinos, kurdos y saharauis siguen esperando un país propio. Una vez que las delegaciones diplomáticas de EEUU, Israel y el Vaticano se instalaron en el país rico en petróleo, diamante y oro, los sursudaneses desaparecieron de los medios de comunicación. Este país es uno de los  peores del mundo en el ranking del Índice de Desarrollo Humano que mide la situación de la salud, la educación y los ingresos de los habitantes de un país. Sólo entre 2014 y 2018 han muerto, según la ONU, al menos 400.000 personas a causa de la violencia, el hambre y la crisis humanitaria.

Los enfrentamientos armados entre grupos étnicos y señores de guerra, armados por la CIA que ha organizado una atroz guerra contra China, aumentan las disputas por el control de cultivos y ganado, que deja más muertos.

Los militares corruptos se lucran con la hambruna, -intensificada por la guerras y plagas-, que cada día mata a cientos de personas de inanición. La mitad de los 12 millones de sursudaneses pasa hambre (1,3 millones niños menores de cinco años en riesgo de malnutrición aguda) y hay cerca de 3 millones de refugiados y desplazados la mayoría de ellos niños y mujeres que son violadas una y otra vez.

John Bolton ha revelado la “nueva” estrategia africana de EEUU: el “Prosper África” es el santo y seña del régimen de Trump para la recolonización militar del continente, vender más armas a quien pueda y expandir las bases de AFRICOM. Trump ha añadido al pretexto de la “lucha contra terrorismo islámico” la batalla contra “el depredador chino” para esta hazaña.

Sudan Sur está muriéndose, literalmente.