Opinion · Punto y seguido

Boris Johnson celebra su victoria enviando un destructor al Golfo Pérsico

Tan solo tres días después de tomar posición, el nuevo primer ministro del Reino Unido (RU), Boris Johnson (BoJo) envió al destructor HMS «Duncan», uno de los buques de guerra más avanzados del mundo, a las aguas del golfo Pérsico, bajo el pretexto de proteger los barcos británicos de Irán.

Por fin le da un uso a este buque que, al igual que otros cinco  pasan más tiempo en los puertos que navegando, demostrando que fabricar máquinas de matar es un gran negocio en sí, pero no una necesidad: cada uno de estos buques ha costado a los contribuyentes 1.245 millones de dólares.

Boris Johnson, que enseña la paja en el ojo ajeno para que nadie la vea en el propio, llama “pirata” a Irán por retener desde el 19 de julio el petrolero británico Stena Impero, que iba sospechosamente sin carga, de Emiratos Árabes Unidos a Arabia Saudí en las aguas de Irán (quizás, justamente para provocar a la Armada iraní, tendiéndole una trampa), después de que la Royal Navy confiscase el 4 de julio el petrolero iraní «Grace 1» en Gibraltar. Johnson ha rechazado el intercambio de los barcos, manteniendo la tensión.

RU ha sido el primer país en apuntarse a la convocatoria de Mike Pompeo para militarizar el Golfo Pérsico, supuestamente para “garantizar el libre tránsito de los barcos”, aunque su objetivo es impedir ilegalmente la salida de los petroleros iraníes hacia los mercados internacionales.

Otro emblema de la decadencia de la política

Representante de los ricos, blancos, racistas, hombres mayores desempleados, y enemigo de los ecologistas, sindicatos y libertades fundamentales, el primer ministro británico, al igual que Trump, es un millonario maleducado, vulgar y mentiroso de extrema derecha, que además, siendo de familia migrante, es xenófobo.

Según el diario turco Hurriyet, BoJo es bisnieto del turco Ali Kemal Beg, el ultimo ministro de interior del imperio otomano en 1920, quien fue secuestrado por los militares dirigidos por Kemal Pasha (apodado “Ataturk” «El padre de los turcos»), y asesinado de forma brutal. Tras el incidente, Osman, el abuelo de Boris, huyó a Inglaterra y eligió “Johnson” como apellido. Su nombre eslavo se debe, posiblemente, a que su bisabuelo materno, Elias Avery Lowe, era emigrante ruso judío.

Afortunadamente para el mundo, el clon de Donald Trump carece del poder que ostenta el mandatario estadounidense. No es un novato en el mundo de la política y tiene demasiados problemas en casa que resolver como para unirse a su hermano americano y juntos incendiar el mundo.  Se enfrenta a una profunda fractura tanto en el seno del establishment británico, como en la propia sociedad, por el impacto de Brexit, por impedir la independencia de Escocia y por la reunificación de Irlanda.

Que personajes carentes de talento alguno como Trump y Johnson consigan instalarse en lo más alto de las instituciones de los estados “democráticos”, gracias a su poder económico, y vivir de ello debería ser materia de estudio. El propio BoJo, en 2015, cuando hacía de alcalde de Londres, cuestionó la aptitud de Trump para ser presidente y le sorprendía su «increíble ignorancia», opinión que compartía con el embajador británico en EEUU, Kim Darroch, que ya ha dimitido. Que Trump considerase a Johnson un hombre “inteligente” es como escupir hacia arriba.

Dos cuestiones que resolver con Irán

BoJo apoyó la agresión militar de 2003 contra Irak, pero está por ver si pretende formar con Trump un dúo contra Irán parecido al que creó Tony Blair con George Bush para desmantelar el estado iraquí.  No obstante, antes de convertirse en primer ministro había comunicado a Trump que se oponía a un ataque militar contra Irán, insistiendo en la vía diplomática.

Gran Bretaña, que junto con el colonialismo francés han sido, desde el inicio del siglo pasado, firmes patrocinadores de la extrema derecha religiosa en Oriente Próximo, utilizándola en su lucha contra la URSS y las fuerzas progresistas, mantiene buenas relaciones con la República Islámica.

Aunque Irán nunca ha sido colonia del RU (ni de otras potencias), los ingleses han jugado un determinante papel en dos momentos claves de la historia reciente de Irán:

  1. El golpe de estado del 1953 contra el primer ministro Doctor Mossadeq, cuando en cooperación con la CIA, el MI6 ejecutó la Operación Ajax “limpiando Irán de comunistas”.
  2.  En 1982, cuando Vladimir Kuzichkin, agente del MI6 incrustado en la embajada de la Unión Soviética en Teherán, facilitó la dirección de los domicilios clandestinos de la dirección del Partido Comunista (el Tudeh) a las autoridades islámicas. Decenas de miles de sus militantes fueron detenidos y un centenar de los miembros de la dirección fueron ejecutados tras recibir brutales torturas, entre los que se encontraban los presos políticos más antiguos del mundo, supervivientes de la misma Operación Ajax. Será cosas de los intereses compartidos.

Hoy, Londres tiene dos cuestiones pendientes a resolver con Teherán:

  1. Aclarar hasta qué punto participará en los juegos bélicos de EEUU en el Golfo Pérsico. RU, tras romper con la Unión Europea no tendrá otro remedio que ampliar sus relaciones comerciales con EEUU, por lo que la pregunta es ¿será a cambio de un mayor compromiso con los expedientes de Irán y China?
  2. Liberar a la ciudadana británica-iraní Nazanin Zaghari, detenida con su hija de tresaños en el abril de 2016, cuando iban a coger el avión para regresar a Londres tras visitar a su familia. Su “delito” es ser directora de proyectos en Thomson Reuters Foundation del RU y haber sido entrevistada por la BBC (¡no es una broma!). En realidad, el gobierno islámico ha pedido al Reino Unido su liberación por el pago de 450 millones de euros que le debe por el contrato de la compra de cientos de tanques Chieftain, firmado y pagado por el Sha en los años setenta y que Londres se negó a entregarlos al Irán de ayatolá Jomeini, revendiéndolos a Jordania. “Si Jeremy Hunt [el anterior ministro de exteriores británico] hubiera continuado la política exterior de Johnson, quizás el expediente de Nazanin Zaghari se hubiera resuelto” declaró Baidi Nezhad, el embajador de Iran en Londres, mostrando sus preferencias.Por el momento, BoJo pretende lo imposible: mantener la presión sobre Teherán, impedir que venda su petróleo, y también evitar una guerra, mientras los iraníes (siendo propietarios de una de las primeras reservas del Loro Negro del mundo) mueren  lentamente de hambre.

    RU, que se abastece del petróleo de Noruega, Nigeria o Argelia, debe evaluar si merece la pena enviar sus buques de guerra estacionados en el Mar de China Oriental, por ejemplo, al estrecho de Ormuz para beneficiar a EEUU, Israel y Arabia Saudí.

    La elección de BoJo ha sido celebrada en Tel Aviv, el archienemigo de Irán. Johnson ha integrado en su gabinete a la exministra Priti Patel, cesada por Theresa May en 2017 por reunirse con Benjamín Netanyahu y a otros altos cargos israelíes sin la autorización. También ha visitado con ellos los Altos del Golán, considerados por Londres como territorios ocupados por Israel.

    Johnson, resistió a la presión del lobby judío para que prohibiera las manifestaciones del Día de Al Quds (establecido por Jomeini en 1979 para reclamar  Jerusalén), y calificó en 2014 de «desproporcionado» y «feo y trágico» el ataque de Israel sobre Gaza, realizado por una escandalosa farsa, que dejó un centenar de palestinos muertos.  Sin embargo, después se arrepintió de lo dicho y se presentó como un «sionista apasionado» y que “entendía las razones de Israel” en atacar a los civiles gazatíes. Ahora debe decidir sobre el traslado de la embajada de su país a Jerusalén o ilegalizar el movimiento BDS por “antisemita”. A Tel Aviv no le gusta que BoJo insista en salvar el acuerdo nuclear con Irán.

    La relación de Johnson con Arabia Saudí, otro peso pesado de Oriente Próximo, se reduce a dinero: venderle muchas armas sin importarle a quiénes matan: Según The Guardian del 15 de febrero de 2008, Bandar Bin Sultán, jefe de la inteligencia saudita, había amenazado al gobierno de Tony Blair de sufrir “otro 7/7”, si no se detenía la investigación sobre la corrupción en sus acuerdos de armas. Johnson, cuando estaba a cargo del ministerio de exteriores, siguió vendiendo bombas de precisión Paveway a Arabia Saudí, sin que la publicación de las imágenes de los civiles sepultados bajo estas bombas en Yemen mermase su voluntad. Desde el inicio de los ataques a este país en marzo del 2015, el RU ha vendido armas a Arabia por el valor de 4,7 mil millones de dólares.

    El ascenso de BoJo es otra muestra del fracaso de las fuerzas progresistas a nivel mundial en sus tácticas, en parte quizás por haber dejado de estudiar la evolución de las sociedades y sus clases, y de reflexionar sobre las razones de la ausencia de movimientos antimilitaristas.