Opinion · Punto y seguido

La princesa Haya, ¿cómplice o víctima de la dictadura medieval de Emiratos Árabes Unidos?

Salió del palacio de su padre, el rey Husein de Jordania, para entrar en el harén del jeque Mohammed bin Rashid, vicepresidente de Emiratos Árabes Unidos (EAU), convirtiéndose así en la sexta esposa del caudillo de Dubái. Estudió Filosofía, Política y Economía en la Universidad de Oxford, lo que en su caso es bastante desconcertante: o no ha cursado realmente estas materias y ha comprado su título académico como hacen muchos ricos, o dichas carreras en la universidad británica no enseñan los derechos fundamentales de las personas a los alumnos. Ahora, quince años después, con una hija, un hijo y millones de dólares más, la princesa Haya Bint Al Hussein ha huido, supuestamente, de su marido y ha pedido asilo en Reino Unido. La primera dama de Dubái ha tomado una decisión tan drástica una vez que ha descubierto la mentira de su marido sobre el secuestro, tortura y encarcelamiento de dos de sus 23 vástagos, las princesas Latifa y Shamsa, que habían intentado huir del palacio y del país. Haya se cura en salud y antes de convertirse en otra víctima del emir se escapa, aunque la versión de su marido polígamo es otra: le acusa de tener un affaire con un guardaespaldas. Hace 3.738 años el Código Hammurabi, una de las fuentes de la Biblia y del Corán, estableció la monogamia para las mujeres bajo la amenaza de «romper sus dientes con ladrillo» si la infringían.

Si las princesas Latifa y Shamsa fueron localizadas y raptadas por los amigos del jeque en los servicios de inteligencia (y, por tanto, los gobiernos) de la India y Estados Unidos, y enviadas de vuelta a Emiratos Árabes Unidos, ¿es posible que Reino Unido deporte a la señora Haya? El multimillonario emir cuenta con importantes negocios en el país de la Reina Isabel II, entre ellos Godolphin, su empresa mundial de carreras de caballos, dedicada al cruel negocio basado en el sufrimiento, el maltrato y la muerte de estos animales. En 2013 fue acusado por la Autoridad Británica de Carreras de Caballo de inyectar a 11 de sus caballos esteroides anabólicos prohibidos.

Sin duda no es lo mismo ser mujer oprimida por el patriarcado teocrático y poder refugiarse en una mansión de 80 millones de euros en un país europeo llevándose un maletín con fajos de billetes, que ser oprimida, pobre y migrante, como lo son la mayoría de las mujeres de EEmiratos Árabes Unidos, que viven como subgénero en el reino semiteocrático de corte medieval que se oculta detrás del brillo de sus rascacielos.

Ser mujer en la llamada «Perla del golfo Pérsico»

Que este pequeño estado fuese la séptima reserva mundial de petróleo explica su espectacular desarrollo económico y también su composición demográfica: de los cerca de nueve millones de habitantes, 7,3 millones son emigrantes y de 170 nacionalidades distintas, principalmente de Pakistán, India, Sri Lanka o Bangladesh y Filipinas.

La situación de las mujeres migrantes, que sufren esta curiosa dictadura capitalista, está marcada por dos principales factores:

1. Los privilegios de los hombres garantizados por la ley islámica que prohíbe a la mujer trabajar, viajar, amar o casarse sin el permiso de un tutor varón, por ser considerada, como género, una eterna discapacitada mental, aunque llegue a ser neurocirujana o astrofísica. También la ley le prohíbe tener sexo premarital. Quedarse embarazada fuera del matrimonio, le obliga a «obedecer al marido», «cuidar la casa», y cumplir con los «deberes maritales» y no sirve el «cariño, tengo jaqueca». Para divorciarse, la mujer debe alegar un motivo «legal» y si se acepta, perderá la custodia de los hijos en caso de volver a casarse, mientras que él tiene derecho a repudiarla de forma unilateral, cuando quiera y sin justificarlo ante nadie, y puede contraer no un matrimonio sino cuatro y no sólo después de la separación, sino estando casado; por si fuera poco, aquellas esposas que abandonen a sus esposos, por malos tratos por ejemplo, pueden ser obligadas por el juez a regresar al domicilio conyugal. De hecho, los malos tratos son legales: el marido puede «corregir» a la esposa y los hijos. Emiratos Árabes Unidos, en el colmo de la hipocresía, ha prometido a la ONU donar 10 millones de dólares para poner fin a la violencia sexual en las crisis humanitarias.

En septiembre de 2013, dos mujeres asiáticas que se quedaron embarazadas fueron condenadas a la pena de muerte por lapidación por el Tribunal Penal de Abu Dabi que determinó que el hecho de quedarse embarazada cuando el marido no esté cerca es una prueba del adulterio (Zina en el islam). En 2014, otra emigrante soltera fue condenada a ser apedreada hasta la muerte. Las mujeres víctimas de violación pueden ser acusadas de adulterio y castigadas con 100 latigazos y un año de prisión. La británica Alicia Gali, que en 2008 denunció haber sido violada por tres compañeros en el hotel donde trabajaba, fue condenada por adulterio. Pasó lo mismo en 2013 a la diseñadora noruega Kamran Jebreili de 24 años, que fue encarcelada durante 16 meses por denunciar una violación: la moral religiosa del reino hace responsable a la mujer del comportamiento sexual del hombre. Por otro lado, el velo en Emiratos Árabes Unidos no es obligatorio, lo cual confirma el principio de que “»la mujer que lleva el velo (y siempre lo hace desde el miedo a Dios, al Estado o al hombre) es una mujer oprimida, pero si no lo hace no significa que esté liberada». 

2. El desamparo de las personas migrantes: Emiratos Árabes Unidos no es firmante de la Convención sobre la Protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, por lo que las trabajadoras extranjeras ni tienen recursos para escaparse de sus abusadores, ni pasaporte para regresar a casa, puesto que los patrones suelen confiscarlos con el fin de convertirlas en esclavas. Decenas de miles de mujeres migrantes empleadas de hogar están expuestas a todo tipo de abusos: desde tener restringida la libertad de movimiento y no recibir su salario hasta ser violada por todos los hombres de la casa.

La ONG de derechos humanos Ansar Burney Trust denuncia que Emiratos Árabes Unidos es el destino de la trata de personas adultas y el lugar de tránsito de niñas y niños traficados por la industria de sexo, muchos, de ellos huérfanos de las guerras de Siria, Irak y Afganistán. Negocio que forma parte de la industria turística del país e inyecta una ingente cantidad de dinero a su economía. Miles de mujeres y menores de entre 14 y 32 años son engañadas por el crimen organizado internacional y trasladadas a Emiratos Árabes Unidos para supuestamente trabajar de cocinera, peluquera, empelada de hogar, etcétera, aunque en muchos casos terminan encerradas en hoteles y pisos para ser prostituidas bajo amenazas, palizas y torturas, hasta que salden sus deudas con la organización, que oscilan entre 5.000 y 9.000 dólares: este es uno de los infinitos motivos de ilegalizar la prostitución.

Mujeres del sistema

A pesar del oscurantismo reinante, las mujeres de Emiratos Árabes Unidos representan el 66% de los empleados, el 70% de los graduados universitarios (obviamente, no estudian a Hegel y Marx, ni a Darwin y a Nawal al Sadawi), y el 27,5% del gabinete ministerial. Pero, no se confundan, no se trata de una sociedad avanzada: ocho de las nueve mujeres parlamentarias han sido designadas por el rey, ya que el 90% de la población, que es expatriada, carece del derecho de ciudadanía, incluido el voto. Esta presencia de la mujer en el poder sin tenerlo produce grietas en las formas antiguas del dominio, dando lugar a nuevas fórmulas.

Frente a ellas están las mujeres activistas como Alia Abdel Nour, de 42 años, que fue arrestada en 2015 acusada de «financiación del terrorismo» por recaudar fondos para los refugiados sirios. La condenaron a 10 años de cárcel, donde fue sometida a torturas y un prolongado maltrato como privarle de alimentos, mantas y colchón o el tratamiento adecuado cuando padeció de cáncer en la celda de aislamiento. Falleció el pasado mayo.

La modernidad de una nación se mide por el grado del respeto a los derechos fundamentales de sus integrantes y no por estúpidas extravagancias como construir una de las mayores estaciones de esquí interiores en el medio del desierto. En Emiratos Árabes Unidos una mujer puede llegar a ser piloto de aviones de combate, pero con la actual estructura del poder nunca podrá ser dueña de su propia vida.