Punto y seguido

La “Primavera estadounidense” y el trumpismo en 14 apuntes

Un manifestante viste ropa militar y lleva la bandera de EEUU durante una protesta en Manhattan contra la muerte violenta del afroamericano George Floyd por un policía blanco en Minneapolis. E.P./Joel Marklund/ZUMA Press/dpa
Un manifestante viste ropa militar y lleva la bandera de EEUU durante una protesta en Manhattan contra la muerte violenta del afroamericano George Floyd por un policía blanco en Minneapolis. E.P./Joel Marklund/ZUMA Press/dpa

Alguien dijo que, debido a las injerencias de EEUU en los asuntos del resto de las naciones, todos los habitantes del globo deberíamos tener derecho a votar en las elecciones presidenciales de este país. Estas reflexiones van en esta línea y no pretenden ser un análisis de la situación interna de la superpotencia, que corresponde a los expertos en este país.

  1. El 25 de mayo la policía blanca asesina a otro ciudadano afroestadounidense, George Floyd, ignorando que el contexto del crimen provocaría un levantamiento popular:
    a) los miembros de la clase trabajadora de esta comunidad, junto con la hispana, han sido la mayoría de las cerca de 111.000 fallecidos por el Covid19, víctima de la ausencia de una sanidad pública y de un presidente que el 22 de enero afirmó que "lo tenemos totalmente bajo control ... todo va a estar bien", para poco después recetar a decenas de miles de contagiados la inyección de desinfectantes para curarse;
    b) que el país sufre su peor crisis económica desde la Gran Depresión del 29, y de nuevo la parte más vulnerable de los 40.746.000 trabajadores que han perdido su empleo (a fecha de 2 de junio) la componen estos ciudadanos. En mayo, la tasa de desempleo era del 14,7%, la más alta desde la década de 1940;
    c) El país está a cinco meses de las elecciones presidenciales.
  2. En protesta, decenas de miles de estadounidenses ocuparon las calles de unas 580 ciudades y pueblos, y también en Puerto Rico y Guam, exigiendo justicia. Pero, Donald Trump (DT), en vez de rebajar la tensión social les declaró la guerra, estableció toque de queda, techándoles de "agitadores extranjeros", "terroristas" y criminales, mientras elogiaba a los neonazis como "gente muy buena". Varias estaciones de policía, bancos y McDonald’s ardieron en la ira de las personas humilladas durante generaciones. Los que valoran más la propiedad de objetos por encima de la vida y la dignidad de los "ciudadanos de segunda", levantaron la bandera de la "No violencia": ¿dónde están cuando la policía golpea, tortura y asesina a estas personas? La única manera que los negros de EEUU han conseguido visibilizar el problema "racial" del país y también lograr algún derecho ha sido por medio de la "revuelta social". Los policías asesinos no pueden alegar que "eran unos mandados". Los Principios de Nuremberg recuerda que la "banalidad del mal" no exime al malhechor del castigo. Aunque todo el mundo está obligado a resistir los crímenes de estado, durante décadas, el sistema ha glorificado a los hombres-armados-salvadores justicieros, y mucha gente no puede entender que ahora los asesinos de Floyd sean encarcelados. En las series televisivos del país, el mundo se divide entre una víctima, un delincuente y un policía guapo y seductor que siempre está en el lado correcto, cuando en realidad la mayoría de los hombres armados uniformados de este país proceden del lumpenproletariado.
  3. Trump ordena toque de queda en las grandes ciudades y amenaza con el despliegue del ejército: "resolveré el problema rápidamente": los helicópteros militares y los drones Predator sobrevaron las ciudades, y 1.600 soldados de las unidades de la Guardia Nacional se desplegaron en el área de Washington desde las bases de Fort Bragg y Fort Drum. El senador republicano Tom Cotton planteó el envío de "101st Airborne" (una división de asalto aéreo de élite del Ejército) para luchar contra los "anarquistas, y a los que deberían matar que no tomarlos como prisioneros. La policía militarizada atacó a los ciudadanos, que resistían en las calles a pesar del peligro del Covid: han perdido a sus seres queridos, sus trabajos y ya no tiene nada que perder "salvo sus cadenas".
  4. El presidente pide a los gobernadores reprimir el movimiento sino "se empeorará cada vez más" advirtió, mostrando su pánico a que otros sectores descontentos, como trabajadores y mujeres, se unieran a las protestas. El secretario de Defensa, Mark Esper llamó al país "un espacio de batalla" que dominar, como si esto fuese Afganistán y los indignados negros, los terroristas talibanes.
  5. De repente, EEUU se parecerá a cualquier país del "sur" gobernado por un caudillo corrupto y déspota que aplasta el levantamiento de su pueblo, bajo el pretexto del terrorismo o servir a los intereses extranjeros. Al igual que éstos, también pidió más restricciones en las plataformas de las redes sociales: "cerraría el Twitter si pudiera", dijo.
  6. Aquellos que no creen en la inevitable lucha de los pueblos por sus derechos, vieron manos extrañas detrás de esta rebelión popular: a) Rusia, b) George Soros, el globalista que se opone a Trump por sus políticas aislacionistas, c) los demócratas que han organizado esta "revoluciones de color", al estilo de lo que EEUU promovió en Georgia y Ucrania para desbancara a Trump, y d) las fuerzas fascistas que han tenido su propio "incendio de Reichstag", un atentado de falsa bandera, para fortalecer su poder dentro del establishment.
  7. Miles de manifestantes se agruparon frente a la Casa Blanca para hacerse oír. Pero, sucede algo surrealista: Aquel presidente, que en Twitter se presentaba contundente y fuerte, que amenazaba a nadie menos que al Rey de Arabia Saudí a derrocarle en diez días, y a los mejicanos que les haría pagar el muro que iba a construir, ahora se escondía en un bunker resguardado por un "hermoso muro" de escudos humanos fuertemente armados, que les protegían de sus propios ciudadanos desarmados. La Casa Blanca podría confundirse con las embajadas de EEUU en las "Zonas verdes" de Bagdad o Kabul.
  8. Un importante sector de los altos militares se posicionó en contra del presidente: el Jefe de la Guardia Nacional, General Joseph Lengyel, reprochó la respuesta del gobierno a las protestas pacíficas; el almirante Mike Mullen acusó a DT de politizar al personal de las fuerzas armadas; el general Dempsey, ex jefe del Estado Mayor Conjunto, recodó que "EEUU no es un campo de batalla, y nuestros conciudadanos no son el enemigo"; el ex Secretario de Defensa James Mattis casi llaga a incitar a una revolución: "Podemos unirnos sin él, aprovechando las fortalezas inherentes a nuestra sociedad civil. Esto no será fácil, como lo han demostrado los últimos días, pero se lo debemos a nuestro prójimo" dijo el general que estuvo en contra de la salida de EEUU del acuerdo nuclear con Irán, y Tony Thomas, ex comandante del Comando de Operaciones Especiales insinuó que el presidente estaba utilizando una terminología propia de una guerra civil. Con este panorama sin precedente, la cuestión gira en torno al equilibrio de estas fuerzas e incluso si este choque dentro del poder puede provocar una guerra civil, y la cuestión no sería "Trump sí, Trump no", ya que el presidente podría abandonar el poder vía elecciones, sino la confrontación entre las fuerzas que resisten al declive general del imperialismo estadounidense en el mundo y las que le buscan una jubilación tranquila y sin sobresaltos. Esta es la rebelión del estado profundo de EEUU contra el trumpisimo, una variante de autoritarismo chovinista- religioso. Las declaraciones abiertas de los militares contra Trump son absolutamente novedosas: significa la intervención directa de los uniformados en la política. Ya que al presidente se le puede destituir en breve, no hay necesidad de un golpe de estado, al menos que se haya planeado un cambio radical en la política de EEUU, independiente de DT.
  9. Al no conseguir el respaldo de los gobernadores ni los militares, DT lo busco entre los fieles cristianos: desesperado, arrastró a su esposa Melania para posar juntos como "familia", delante de la Iglesia San Juan explotando la iconografía religiosa. Luego levantó la Biblia: su mirada rogaba a su base evangélica a que llenase las calles gritando su nombre. Era calcado a algún dirigente islamista de Oriente Próximo que con el Corán en la mano pedía a sus leales ir a la caza de los comunistas e los incrédulos. Nadie acudió a salvarle, y le cayeron un chaparrón de críticas. La obispa de Washington, Mariann Budde le acusó de difundir "un mensaje antitético a las enseñanzas de Jesús". ¡Solo le faltaba la foto delante de la sede de la Asociación Nacional del Rifle! Cierto, los fascismos a menudo han llegado con un libro sagrado envuelto en una bandera, apelando a la fe y las emociones más elementales de las personas.
  10. Un golpe militar, no contra Trump, sino por él mismo. El debate sobre si DT es fascista y, respaldado por el núcleo duro de su partido, pretende dar un golpe de estado contra la democracia estadounidense es el tema del día en la prensa de EEUU. Su intención de anular los derechos democráticos de la Constitución y establecer una dictadura -diciendo que "Soy su presidente de la ley y el orden"-, o invocar la Ley de Insurrección de 1807 que autoriza el empleo de las fuerzas terrestres y navales en caso de una insurrección, glorificar la violencia, la presencia de unidades paramilitares antidisturbios sin placa identificativa delante de la Casa Blanca, su particular "campo de concentración de inmigrantes" en la frontera del sur, su misoginia, racismo, chovinismo, son parte del argumentario de los defensores de esta tesis, que recuerdan que los regímenes totalitarios en cada país han tenido sus singularidades. DT se sitúa políticamente en alt-right (La Derecha Alternativa, en inglés), la extremaderecha blanca nacional-populista, corriente crítica con la derecha neoconservadora (NeoCon) por estar "contaminada" del liberalismo. Un Trump demagogo, plutócrata, hombre simple disfrazado de Madman, puede tener pretensiones golpistas pero que pueda hacerlo, es otro tema. El propio secretario de Defensa, Mark Esper y el General Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, aunque defienden la represión, se han opuesto a la intervención del ejército.
  11. El Partido Demócrata, la otra columna del régimen oligárquico de EEUU, ha sentido el mismo pánico por el movimiento popular que su rival. Y los cambios que pide es para salvar al sistema: mientras por los casos "Rusia Gate" o por "Ucrania Gate" exigió la destitución de DT, no la ha hecho ahora que hasta los medios conservadores advierten del peligro de Trump para la democracia del país. El alcalde de Nueva York Bill de Blasio respaldó las acciones de la policía y Hilary Clinton, -la veterana belicista, que por su perfil siniestra, muchos estadounidenses se vieron obligados a votar a Trump para esquivarla-, instó sólo a los ciudadanos a "votar". Durante estos años, los demócratas han hecho perder el tiempo a los ciudadanos acusando a DT de todo menos del asalto a los derechos de los trabajadores, las mujeres, las comunidades étnicas y religiosas o el de otras naciones a "poder respirar" y no ser bombardeadas. Este partido teme que la situación se le escape del control, en este caso, por culpa del racismo del presidente: el 40% de los militares de reserva son personas de piel negra, y algo más: Un importante sector de los negros de EEUU ha recurrido al islam para desafiar las estructuras del poder blanco-cristiano y ha construido el ideario del "Poder Negro" conservador, la otra cara de la moneda racista, en el poderoso movimiento de la Nación del Islam fundado por Malcolm X (1925 – 1965). El intento del sistema para blanquear el racismo contra los negros llegó con Colin Powell, designado como secretario de Estado en el gabinete de G. Bush. Luego Barak Obama -medio musulmán, medio cristiano, medio blanco, medio negro- fue instalado en el poder para limpiar la imagen de EEUU, destrozada por un Bush blanco - fundamentalista cristiano, cuyo entretenimiento era agredir a los países "musulmanes" estratégicos. Obama encajaba en esta política «gatopardismo» de «Si quieres que todo siga como está, genera la sensación de que está cambiando», y por el mismo motivo que mantuvo abierto el Guantánamo pidió perdón por haber criticado a un policía blanco que golpeó a un chaval negro.
  12. Otro tema interesante del debate es si Trump puede aplazar las elecciones de noviembre, debido a que la crisis social se irá agravando. Las leyes de EEUU son muy complejas al respecto y la última palabra la tiene el Congreso. De todas formas, la Constitución en su vigésima enmienda establece que el mandato del presidente y el vicepresidente se expiran al mediodía del día 20 de enero.
  13. ¿Será Trump reelegido, a pesar de la crisis política, sanitaria y económica? La imagen del "poderoso y contundente" presidente se ha desmoronado: es un débil tirano, que ha decepcionado a su base social viendo sus limitaciones en lanzar al ejercito a las calles (hasta su ministro de defensa se negó a obedecerle), aplastar a los manifestantes, levantar el muro de Méjico, acabar con Irán y Venezuela, entre otras hermosas promesas incumplidos. Pero, tampoco ha ganado al campo contrario: Trump ha cruzado la línea roja de reprimir a los ciudadanos estadounidenses, y ahora reza para que, hasta el 3 de noviembre, estas tragedias hayan sido olvidados, sino es capaz de crear una cortina de humo, como una guerra en cualquier parte del mundo, para conseguirlo. La crisis interna de EEUU está unida a sus fracasos en la política exterior (Con Corea del Norte, Irán, Venezuela, Iraq, Afganistán, Rusia o China), y una economía al servicio de la guerra. En busca de una "victoria" para apuntar en su currículum, DT, en el medio de las protestas, mandó un tuit a Irán, pidiéndole que firme un "acuerdo importante" sobre su programa nuclear, y "que no espere a las alecciones. ¡Ahora puedes conseguir un mejor trato!" dijo. Teherán, aunque con ganas de firmarlo, no se fía de él: ¡Puede romper el nuevo acuerdo una vez que sea reelegido!, pensó. Sólo en diciembre pasado, el Congreso aprobó un presupuesto inicial de 40.000 millones de dólares para la Guerra de las Galaxias de Trump. Por lo que, es imposible que consiga paliar el desempleo masivo y la escandalosa pobreza, ni ahora ni nunca. La guinda sería un rebrote justo en la víspera de las elecciones: esta sería una sorpresa de octubre.
    EEUU vivirá un largo y caluroso verano de hambre, enfermedad, desempleo que gestarán nuevos levantamientos. Debido a la debilidad de las fuerzas de izquierda, la clase trabajadora no ha iniciado una huelga política a nivel del Estado en apoyo a la demanda de los manifestantes, y el actual movimiento no alcanzará sus objetivos si se limita a exigir la justicia racial y no se une a los trabajadores por la justicia social. Según las últimas encuestas, Biden, el viejo neoliberal blanco y el mal menor, se adelanta a DT.
  14. El Partido Comunista de EEUU propone un amplio frente de trabajadores, personas de color (la expresión es suya), mujeres, jóvenes, personas LGBTQ, inmigrantes, ecologistas, etc. para derrotar a la extrema derecha ya que ninguna fuerza social puede ganar esta batalla por sí sola.

La República Bananera de EEUU se desmorona, pero las cosas siempre pueden ir a peor.